Al mal tiempo, buena cara. Y a la cuarentena, ¡Animal Crossing!

¿Por qué la nueva entrega de Animal Crossing es una experiencia que cala tan hondo en tiempos de cuarentena y aislamiento obligatorio?
por Florencia Orsetti | @lunatika_shd

Cumpleaños, reuniones laborales, juntadas con amigos, la familia o la novia, todas estas cuestiones dieron un giro radical en el último mes. La cuarentena total que rige en nuestro país y la pandemia global nos hicieron recurrir a videollamadas, audios de WhatsApp y otras técnicas para seguir comunicados sin perder el valor humano, cuidando nuestra salud.

Pero hay un fenómeno que no previmos, que llega ahora con más fuerza que nunca. ¿Escucharon hablar de Animal Crossing? Seguro que sí, porque si tienen amigos gamers, no hay otro juego tan presente en boca de todos. El simpático título de Nintendo existe hace dos décadas y es uno de los más populares, pero nunca se habían dado las condiciones para que sea un fenómeno mundial al nivel que lo es hoy.

Animal Crossing es un juego en el que una versión miniatura y muy adorable de nosotros mismos llega a una isla desierta a comenzar de cero una vida nueva. La peculiaridad del juego es que todo está cargado de ternura. New Horizons, la nueva entrega para Nintendo Switch, nos invita a poner las bases de nuestro nuevo hogar en una isla paradisiaca que necesita de todo nuestro esfuerzo y actitud para salir adelante.

Conforme pasen los días, la isla se irá poblando de vecinos animalescos, los cuales derrochan carisma. Iremos ampliando nuestra casa, dándole un lugar donde vivir a los residentes y desarrollando un centro comercial, con tiendas y un museo.

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Todas las mañanas me encuentro con la taza obligada de café y mi consola Switch prendida con Animal Crossing. Lo atrapante de esta saga es que nos da una razón para jugar todos los días. El tiempo en la isla virtual pasa como en la vida real, al punto que da la sensación de que ahí dentro hay un universo paralelo. Uno de sonrisas, colores y alegría absoluta que podemos compartir con otros jugadores.

Cuando entramos en nuestra isla, al inicio del día, los vecinos nos reciben con una sonrisa y un optimismo envidiables. Lo que nos depara la jornada será trabajar en pos de que ese hogar virtual sea mejor para compartirlo con otras personas. Porque la magia reside en su comunidad, la más amable y sana que vas a encontrar en un juego online.

De lejos pareciera que el título nos propone realizar tareas que tienen poco sentido. Regar plantas, ayudar a los vecinos a encontrar objetos perdidos, decorar nuestro hogar, ayudar al museo a recapitular la fauna y los fósiles del lugar, entre otras cosas. Lo cierto es que la forma en que nos recompensa Animal Crossing al realizar estas tareas con “poco sentido” es difícil de encontrar en nuestra vida diaria, especialmente en momentos como el actual, con la pandemia dominando todo.

Cada acción se siente honesta y considerada en el juego de Nintendo, especialmente en esta nueva entrega que lleva la personalización y la libertad a un nuevo nivel. Agregando crafting y un sistema de millas que nos motivan a mantenernos pegados a la vida en la isla. Cada vez que ayudemos a un vecino o que cumplamos una nueva meta en relación al progreso de la isla, vamos a recibir la mejor buena onda de parte de todos los personajes y un incentivo para seguir adelante.

Lo mismo sucede al jugar online. Los grupos de Facebook y los hashtags del juego en Twitter hicieron que se cree toda una comunidad periférica que no descansa nunca. Hay gente jugando a todas horas. Nintendo no tuvo que hacer nada para unir a sus usuarios más que crear hashtags y darles razones para jugar a diario.

El intercambio de objetos tan simples como manzanas, peras, madera o una prenda de vestir tienen algo especial en Animal Crossing, porque sabemos que estamos poniendo nuestro granito de arena para expandir el ecosistema del juego. Especialmente si ese regalo se lo enviamos por correo a nuestro amigo, que lo recibirá recién al otro día, como en los viejos tiempos, y seguro lo tomará por sorpresa. Sabemos que tanto en nuestra isla, como en la de los demás, hay residentes que estarán muy agradecidos de nuestro esfuerzo, por muy pequeño que sea.

Creo que Animal Crossing funciona especialmente bien porque todos amamos tener una rutina, algo que sabemos que está ahí y no se va a ir. En estos tiempos, donde muchos perdieron su trabajo, no están estudiando y tampoco pueden salir a hacer ejercicio, el juego de Nintendo puede ayudarles a llenar espacios.

Conocí la saga hace 10 años con City Folk, la entrega para Nintendo Wii, y aunque no es una de las mejores, porque estaba limitada en contenido, tengo los más hermosos recuerdos. Solía compartir isla con mi hermana de ocho años, que vivía en casa conmigo y a pesar de eso no solía verla hasta la noche porque nuestros horarios de colegio no coincidían. Entonces nos comunicábamos a través del juego, con cartas que mandábamos a nuestro buzón, muchas veces con sorpresas. Por la mañana ella regaba y plantaba plantas, desarrollando el jardín. Yo prefería pescar y expandir «inmobiliariamente» la isla.

En otras palabras, la experiencia en Animal Crossing es muy personal. En New Horizons hay nuevas herramientas para que hagamos la isla más nuestra que nunca, incluso modificando el relieve del terreno. Esta vez, Tom Nook, el mapache mandamás que nos ayuda a vivir mejor en la isla a fuerza de hipotecas y deudas, nos suelta la mano y nos deja elegir dónde viven los vecinos, dónde construir una plaza o un camino de asfalto que recorra las casas, como si fuese un barrio cerrado.

Hasta acá suena como si fuese necesario internarse a jugar, pero la verdad es que es un juego gratificante, tanto para el que puede pasar muchas horas por día como para el que sólo puede meterse un ratito. Cada paso que demos, por más pequeño que sea, sumará en el desarrollo de la isla, y eso nos hará sentir satisfechos, dándonos más ganas de jugar.

Hay mucha gente celebrando cumpleaños en Animal Crossing, intentando tener reuniones de trabajo y hasta celebrando su boda. Otros simplemente visitamos a nuestros amigos a través del juego, porque en persona no podemos hacerlo. En mi caso, en los momentos en que estuve más dispersa, con problemas personales que no podía borrar, la cotidianidad del juego me ayudó a escapar. Teniendo la mente enfocada en una rutina sabía que, al menos en esa realidad tan alegre, las cosas siempre iban a salir bien.

Llevo más de dos semanas en Animal Crossing: New Horizons y siento que es la razón por la que compré mi Switch. No es un videojuego, es un evento diario para encontrarme con amigos, conocer gente nueva y llevar adelante un proyecto tan divertido y titánico como lo es la construcción de una isla. Mientras cierro estas palabras, la pantalla de inicio está cargando y otro día en la isla me espera. ¡Que sean muchos más!

Escrito por

Florencia Orsetti

Periodista especializado y gran promotora de la industria argentina de videojuegos. Es amante del terror en todas sus formas.

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