Route 96, la búsqueda por la libertad

Raissa Jerez

Tiempo de lectura: 6 minutos

La nueva aventura de Yoan Fanise, creador de Valiant Hearts, viene cargada de importantes mensajes sociopolíticos que nos llevan a la reflexión.

Definitivamente no soy una experta en juegos interactivos. De hecho, son pocos los títulos de este estilo que han pasado por mis manos. El tener que tomar decisiones constantemente, analizar las posibilidades y pensar en la repercusión que tendrá cada acción que elija, me agobia y eso hace que me tome demasiado tiempo terminarlos. Empiezo a jugar máximo una hora y puedo estar semanas en ese plan. Pero con Route 96 fue distinto. Sólo en la primera sentada liquidé cinco horas sin mirar el reloj y hubiera seguido si no fuera porque eran las 3 a.m. Estaba fascinada.

En esta historia nos ponemos en la piel de un adolescente que debe escapar a toda costa de Petria, una nación dominada por un tirano opresor llamado Tyrak que está arrasando con gran parte de la sociedad. Al encarnar a un personaje menor de edad que además ha huído de su hogar, no tenemos dinero. Por ello, para poder recorrer los aproximadamente 2000 kilómetros que nos separan de la anhelada libertad en la frontera, debemos caminar, hacer autostop, robar algún auto o juntar dinero para el bus o taxi. Por supuesto que en el camino conoceremos NPC y locaciones que nos ayudarán a entender un poco más qué es lo que realmente sucede. Pero eso más adelante.

Usualmente, cuando me toca vivir una historia de este tipo, siempre elijo actuar del lado del “bien”. Hago todo de forma “correcta”, tomo las decisiones con menos consecuencias devastadoras e intento salvar/perdonar la vida de todo el mundo. Es como si accionara según lo que el juego espera de mí, por lo que la historia termina siendo bastante estándar. No termino de explotar todas las posibilidades y ramificaciones que este género trae, y parece más una película en lugar de una aventura interactiva.

Cuando empecé el título a cargo de Digixart, lo hice como una adolescente que sólo contaba con tres dólares en el bolsillo. Milagrosamente conseguí llegar ilesa a la frontera y la crucé sin mirar atrás. Obviamente, me porté bien e hice todo lo que tenía que hacer para sobrevivir. En el camino, me sometí a las órdenes de dos delincuentes durante un robo, ayudé a disolver el cuerpo de un policía en ácido y toqué “Bella ciao” en un trombón porque así me lo pidieron. Tomé las salidas fáciles (o como dirían acá, “me quedé en el molde”) y por más de que estaba contenta con el resultado, me sentí decepcionada por cómo había llegado al final. En un tremendo plot twist, me di con la sorpresa de que mi camino no culminaba allí. El juego me devolvió a la pantalla de inicio y saltó un pop-up que decía “Episodio 2”. 

Resulta que esta aventura es mucho más compleja de lo que se muestra al inicio y no se trata sólo de cruzar la frontera con un personaje, sino con varios. Todos adolescentes que intentan buscar un futuro mejor fuera de Petria. Esto nos otorga la libertad de probar distintas decisiones, caminos, formas de desplazarnos, cómo relacionarnos con los NPC y más. Pero tenemos que tener mucho cuidado con lo que hacemos y decimos durante cada viaje. La nación en cuestión está a puertas de una nueva elección, por lo que Tyrak está arrestando y desapareciendo a todos los que representen una amenaza para su permanencia en el poder. 

En nuestros distintos viajes nos cruzaremos aleatoriamente con ocho personajes: Zoe, John, Fanny, Alex, los hermanos Stan & Mitch, Sonya y Jarod. Gracias a las repeticiones, iremos descubriendo poco a poco sus historias, motivaciones, pensamientos, posturas, por lo que luchan y en qué creen, y podremos relacionarnos desde ángulos totalmente diferentes. Mientras que en nuestro primero encuentro con Fanny hay mala onda y un arresto de por medio, en el segundo necesita de nuestra ayuda durante una persecución en auto. A John primero lo encontramos borracho y jugamos fútbol, pero luego lo debemos ayudar a buscar un teléfono porque se averió su camión. Y así con todos los demás. Asimismo, vamos a ir descubriendo cómo son las relaciones entre ellos. Quiénes se conocen, quiénes son familia, quiénes son pareja y más. Narrativamente este título es súper detallado, intrincado y absorbente, porque llega un punto en el que quieres saber todo de todos y llevas los diálogos al máximo para obtener la mayor cantidad de información. 

No obstante, la parte que más me gusta de esto es que realmente Route 96 no se trata de nosotros. Sólo somos simples espectadores que se cuelan en distintos momentos de la vida de estos NPC. Son ellos quienes llevan adelante la historia. Lo que hagan con sus destinos, sumado a algunas decisiones que nosotros tomemos en el camino, darán resultado a la elección del nuevo presidente de Petria. Cuando hice este quiebre y empecé a empatizar con los NPC, cambié mis decisiones y mi forma de juego.

Durante mi cuarto viaje me encontré con Zoe haciendo autostop con una pareja muy simpática. A medio viaje la policía nos paró y hubo un altercado. Ella no se doblegó ante el abuso de autoridad. Se rebeló y, como era de esperarse, fue arrestada. Instantáneamente se me presentaron dos opciones: “Huir” y “Ayudar a Zoe”. Para ese entonces, yo ya era una más dentro de esta historia y no me pude contener. Fui directamente a socorrerla y terminé presa y se dió por terminada esa partida. Yo sabía que mi viaje terminaría si me involucraba, pero no lo pude evitar. El juego me tenía interpelada al cien por ciento. 

En este punto paré y pensé: “Esto es como una película de Tarantino” y así empecé a sacar a flote mi Shoshana Dreyfus (Bastardos sin Gloria) interior. Empecé a ser más audaz, valiente y a intentar de una u otra forma vengar a todos aquellos jóvenes que terminaron asesinados o en prisión por el gobierno opresor. Empecé a llenar de graffitis los posters de Tyrak y a vociferar que los jóvenes éramos el futuro y que todo sería mejor si las elecciones las ganaba la oposición. Totalmente desatada, pero orgullosa de formar parte de una lucha en la cual—fantasiosamente—creía.

Route 96 me ha impactado de una forma inesperada. Es un juego que se vende a sí mismo como una historia ligera en la que debes tomar decisiones para llegar del punto A al punto B, pero conforme vas haciendo más viajes, te vas enterado a profundidad de todo lo que pasa en Petria y no puedes evitar sentirte tocado. Sí, esto es un videojuego, pero tranquilamente puede ser un espejo de la realidad para muchos que viven o han vivido situaciones similares. 

Si bien está situado en 1996, actualmente nosotros también tenemos alrededor del mundo gobiernos opresores. Hay tiranos en el poder, tenemos gente en las calles luchando constantemente por un cambio, víctimas fatales todos los días, ataques terroristas, excesos de parte de las fuerzas armadas, grupos que protestan de forma radical, otros que se quedan cómodos en sus casas ya que el dinero les permite no verse tocados y más. Entre toda la información que recibo con el pasar de las horas, las situaciones que retrata el juego y las historias que se me presentan, no puedo evitar auto cuestionarme. ¿Estoy del lado correcto de la lucha? ¿Realmente formo parte? ¿Estaré haciendo lo suficiente como para ayudar a generar un cambio? En mi vida, ¿hice más que sólo quedarme en el molde? Este título me deja intranquila y ansiosa y cada vez que pienso en él, me pregunto una y otra vez: “Llegado el caso, ¿me quedaría a luchar o huiría a la frontera?”. 

Espero nunca tener que descubrirlo.


Raissa Jerez

Comunicadora audiovisual. Maestra Pokémon. Formada por Nintendo, con especialidad en PlayStation y mención honorífica en Xbox. De vez en cuando me creo youtuber en 'Rai Reviews' y colaboro con PressOver. Me gusta recomendar cosas aunque no me hayan preguntado.

@ReviewsRai