Super Magbot, volviendo al ABC de las plataformas sin su mecánica principal

Astra Pixel se las ingenia para ser original dentro un género en el que ya vimos... ¿todo?

Patricio Casella

Tiempo de lectura: 5 minutos

Cuando el género de plataformas sale como tema de conversación, podemos afirmar que Super Mario Bros. fue el título que lo impulsó y que fue la base fundacional para un montón de mecánicas y conceptos que se fueron reinventando con el paso de los años y décadas. Desde la recolección de ítems, una banda sonora pegadiza y la aventura dividida en mundos.

Sin embargo, los plataformeros comenzaron a concebirse como tales durante la primera edad de oro de los videojuegos— la cual va de 1978 a 1983—, y fue un pilar fundamental para la expansión definitiva de las primeras consolas.

Tres años antes del debut del plomero más famoso del universo gamer nacía Manic Miner, un juego que salió para la poco conocida ZX Spectrum y luego se distribuyó a otras consolas.La dinámica del título es súper sencilla: a contrarreloj teníamos que agarrar una determinada cantidad de llaves para avanzar hacia la siguiente zona, en un escenario en el cual predominan las plataformas verticales, trampas y enemigos. Nuestra única mecánica es el salto y, este sencillo comando, es el núcleo principal del género.

Porque ¿cuál es el denominador común de los plataformeros? Llegar del punto A al punto B sorteando obstáculos (trampas, enemigos, precipicios, etc), escalando plataformas y agarrando items.

Tras la consolidación definitiva de las consolas hogareñas en todo el planeta, el género profundizó en variantes y mecánicas, trayendo nuevos personajes que inundaron nuestros archivos de la nostalgia. Con la irrupción de los títulos en 3D, no solo con Mario 64 sino también con los primeros grandes juegos de PlayStation (Crash o Spyro, por mencionar algunos de los ejemplos más populares), el género siguió desafiando sus límites y trayendo nuevas conceptos sobre la mesa, pero sin olvidarse de su gran mecánica: el salto.

Este “prólogo” tiene un poco de historia mezclado con bellos recuerdos de la infancia. Mis primeros pasos en los videojuegos fueron, por un lado, con una ColecoVision (una verdadera reliquia que seguramente siga guardada en la casa de mis papás) y luego la llegada de la NES, a.k.a. Family Game. En ambas consolas, los plataformeros eran una cita obligada con mis hermanos: compitiendo quien llegaba más lejos en Felix The Cat y Mario Bros., intentar arribar al final de Prince of Persia o pasarnos toda la saga de Adventure Island de un tirón.

Escribir sobre mis raíces en el gaming es un gran punto de partida para comenzar a hablar acerca de Super Magbot, una pequeña propuesta plataformera que tiene una hermosa vuelta de tuerca en su dinámica.

Astra Pixel, desarrolladora que debuta en la industria con esta aventura, busca ofrecer un componente disruptivo en su jugabilidad, pero sin olvidar el ABC del género: tendremos que llegar del punto A al punto B a través de más de 100 niveles diferentes, sorteando precipicios, evitando obstáculos y, ¿saltando?

En esa mini pregunta del último párrafo reside gran parte de la originalidad y magia de Super Magbot: el héroe de turno no puede saltar.

La historia del juego rápidamente se resume en la explosion de una gran estrella magnética que desperdigó, a través de los diferentes planetas, fragmentos con polos positivos y negativos (representados por el color rojo y el azul, respectivamente). Algunos de estos fragmentos, que se incrustaron en las profundidades de los cuerpos celestes, contienen un enorme poder interior, algo que Magsteroid, un gigante asteroide maligno, quiere poseer a toda costa. Para lograrlo, comenzará a arrasar con todos los planetas que hay a su paso para llegar a la fuente máxima de poder.

Entonces, ¿quién salvará el día? Pues Super Magbot, un pequeño pero valiente héroe equipado con las habilidades magnéticas suficientes para recolectar todos los fragmentos planetarios.

Para atravesar cada una de las zonas tendremos que aprovechar los fragmentos magnéticos que hay en los escenarios para poder avanzar. Dependiendo del color, tendremos que utilizar uno de los comandos (que equivalen a polos positivos/negativos) para—como si fuese un imán—atraernos y poder realizar estos “saltos”.

La variante es su mecánica. Como los polos iguales se atraen y los distintos se repelen, si apuntamos con el botón de magnetismo rojo a un fragmento de color azul, saldremos disparados hacia el lugar que estemos apuntando.

Interactuar entre ambas mecánicas comienza como un tutorial sencillo que se cuece a fuego lento para luego transformarse en una danza de combinaciones. Combinaciones entre ir sorteando obstáculos y estar muy concentrados en entender si tenemos que ser atraídos magnéticamente o aprovechar el impulso para atravesar trampas y zonas.

El juego está dividido en cuatro planetas, cada uno con 27 zonas, un boss y niveles extras con mayor dificultad. Y la dificultad no es un tema menor en Super Magbot. Acá noté cómo colisionan los fundamentos principales del género con propuestas más actuales y desafiantes, como Celeste, que aprovechan la respuesta intuitiva de los controles que cuentan con un nivel de precisión exquisito.

Las numerosas veces que perdí en este juego no fue por un error técnico del mismo, sino que siempre fue producto de una mala coordinación de los comandos que ejecuté. Los niveles extras de cada zona son realmente un desafío bastante elevado y requieren no sólo destreza sino paciencia para tolerar la frustración de empezar de cero. (Sí, cuando perdés volvés automáticamente al punto de partida). De hecho, hubo varios que dejé en el tintero para otra oportunidad porque superaron mi resiliencia.

Todo lo trillado que tiene el juego a nivel argumental se contrapone con su faceta jugable. Cada mundo que exploramos se rige bajo las mismas reglas magnéticas, pero añade algunos diferenciales para no sentir esa sensación monótona. Por ejemplo, el segundo planeta está cubierto de hielo, por lo que no solo tenemos que ser precisos para utilizar los imanes, sino que el protagonista se desliza por las superficies y hay que calcular esta inercia en los movimientos para no caer en una trampa.

Lo que más disfruté de Super Magbot es esa sensación de estar jugando a una aventura que ya recorrí en otras oportunidades de mi vida, pero que con un despojo de creatividad se transforma en algo tan atrapante como divertido. 

Para los que tenemos varios años en el currículum jugando videojuegos, es imposible no percibir las influencias de los títulos contemporáneos. Todos mantienen un punto de partida o alguna aventura por la cual sintieron inspiración, sin importar el género.Pero es un placer cuando podés encontrar un título que, lejos de querer copiar, busca encontrar su identidad con un simple cambio de perspectiva. Porque, a fin de cuentas, en Super Magbot no podemos saltar, pero estamos constantemente saliendo eyectados del piso para llegar del punto A al B.


Patricio Casella

Periodista. Criado a base de Survival Horror, RPG y juegos indie. Co-fundador de Geeky. Siempre en la búsqueda de nuevos desafíos.

@casellapato