The Eternal Castle [Remastered], todo es obsoleto

Axel Bosso

Tiempo de lectura: 5 minutos

Compraste una consola de nueva generación. Promesas constantes de altas resoluciones, mayor cantidad de cuadros por segundos, tiempos de carga instantáneos, gatillos que se resisten y otras características novedosas inundaron tus rutinas y tímpanos. Incluso tu adquisición vino acompañada de uno de los títulos exclusivos de una de tus franquicias favoritas. Un ejemplar que supuestamente exprime cada promesa realizada. Mejor inicio, imposible.

No obstante, el primer escrito que te toca realizar sobre tu flamante plataforma es un “tramposo” viaje al pasado. Una travesía por una época en la cual los títulos eran de apenas 2 bits y podían tener una paleta de colores CGA (4 colores en pantalla como máximo). Esquema de movimientos “limitado”, diseño de dificultades artificiales y una duración de apenas unos pares de horas. En esta situación nos encontramos.

The Eternal Castle [REMASTERED] no es una remasterización de un videojuego del ‘87 como su propio título o descripción quieren hacer creer. Es más bien la re-imaginación de una experiencia infantil que nunca pudo borrarse de la mente de un joven, la cual no pudo descansar hasta intentar materializar el viaje una vez más. El ya crecido Leonard Menchiari se juntó con Daniele Vicinanzo y Giulio Perrone para crear algo inexplicable, pero no por ello menos intrigante y conmovedor, en cierto sentido.

Esta suerte de aventura 2D de la más antigua de las viejas escuelas puede interpretarse como el deseo de un adulto por salvar un recuerdo profundo. En ese sentido, podemos interpretar a The Eternal Castle [REMASTERED] como una obra plagada de amor por el género, una reconstrucción histórica de un hermano perdido de Another World o el primer Prince of Persia, y muchas dosis de nostalgia en cada centímetro de pantalla. 

Posterior a la selección de un protagonista, el cual puede ser “hombre” o “mujer”, se estrella la nave abordada y es necesario juntar componentes en diferentes locaciones para poder repararla. Yendo de izquierda a derecha, hay que realizar saltos, destruir todo lo que se mueva y evitar trampas que exterminan la vida automáticamente. Mientras tanto, se exploran un cementerio, rascacielos, una guarida de un científico pasado, un campo de guerra y otras construcciones menos convencionales.

Que el uso del magenta, cian, negro y blanco no asuste. Estamos de frente a una maestría en el uso de pocos recursos para generar escenarios vivos y llenos de detalles que sorprenden. Aunque tranquilamente la combinación de por sí, chillona en varias ocasiones, pueda generar repulsión, para quien comparta el agrado se descubrirá una técnica para aplaudir.

Lo visual está acompañado por otros finos trabajos en cómo se escucha lo que se escucha y en el sentir del control. Resulta que este título se encuentra muy beneficiado al jugarse en PlayStation 5 gracias a, por un lado, las vibraciones del joystick que recrean cada sensación de lo que ocurre en pantalla de manera superlativa, y un apartado auditivo de alta definición, acompañado por la posibilidad de audio 3D, por el otro.

Sin embargo, me es inevitable pensar en The Eternal Castle [REMASTERED] desde otra perspectiva. Puede que este título sea tan solo el deseo de un adulto por recuperar algo perdido, por volver a esa hora de descubrimiento de un mundo fascinante mientras no hay padres que supervisen, el querer encontrar ese disquete azul una vez más. Personalmente, lo considero una analogía a lo obsoleto que es o puede volverse todo lo que nos rodea.

Pienso en lo anterior por un conjunto de decisiones plasmadas. La primera refiere a la trama de este viaje, la cual es obtusa, llena de lagunas oscuras y mensajes que difícilmente pueda tildar de inocentes. La Tierra está devastada, con criaturas y personas aniquilándose por lo poco que queda. Existen sujetos o cierto tipo de organismos que intentan hacer algo al respecto. Casualmente, los nombres de nuestros posibles protagonistas son Adán y Eva, y ellos deben vagar por locaciones destruidas en gran parte. Enemigos juegan con clásicas máquinas arcade, cada artefacto encontrado parece haber tenido una vida mejor, y la tecnología en general está representada de manera perturbadora, críptica. Dicha tecnología es la que utilizan posibles amenazas y en la propia necesaria para seguir el objetivo principal.

Como si fuera poco, el personaje activa sus checkpoints a partir de la meditación con extrañas piedras. Cada pantalla de “Game Over” nos espera con la leyenda de “Despertar” en vez de “Reintentar”. Los escenarios suelen estar desolados y derrumbados, mostrando una decadencia que, a pesar de verse con pocos colores, se palpa. Imágenes perturbadoras sobran, como el primer momento en el que se toma el control, en el cual el protagonista queda atascado en un árbol gracias a un paracaídas, con una sospechosa facha de estar siendo ahorcado. Incluso el propio menú del juego se ve “defectuoso”, generando la constante sensación de que falta algo debido a opciones incompletas o borroneadas.

¿Estoy en el mundo “real” (real para esta historia, al menos) o estoy soñando? La sensación de ser un colonizador/a no puede ser casualidad, ¿verdad? “No importa si estás vivo o muerto” se lee en un diálogo en una de las tantas y breves cinemáticas que nos presentan. Además, al terminar una vez la aventura se nos invita a intentar concluirla de nuevo, pero sin morir. Al hacerlo, se vuelve al menú principal y de vuelta a empezar. Nuestro personaje ya no puede “despertarse”, algo pasó.

Todos estos interrogantes y otros no expresados son los que me obligan a pensar que hay algo más en The Eternal Castle [REMASTERED], un posible significado metatextual que cuesta percibirlo del todo, pero está ahí. Lo que se disfraza como un “simple” viaje extraño sobre diversos y muy disímiles puntos del mapa, un combate sencillo pero satisfactorio y algunos saltos que dan bronca pero también un dulce vértigo, parece ser una radiografía sobre lo absurdo de querer reconstruir algo quizás insignificante para otros, pero invaluable para mí mismo. En una época en la que todo se degrada más rápido, generaciones enteras de obras de todos los medios quedan enterradas y juntando polvo, muchas veces olvidadas o poco mantenidas, yo estoy jugando una experiencia de otra vida en una consola “de última generación”. Es insólito en cierto punto, es querer revivir una aventura de otro siglo en un tiempo con otros estándares de goce inmediato, trabajos millonarios y más claridad explícita que capas de significados. 

Lo anterior me lleva a preguntarme lo siguiente: ¿Cuántas personas probarán esta aventura por sí mismas? Ojalá que muchas, porque hace una semana que la he finalizado y aún sigo reflexionando cosas distintas con el pasar de los días.


Axel Bosso

Escritor amante del entretenimiento en general. Lic. en Psicología en proceso y entusiasta de la Filosofía.

@Axl_Bosso