Cómo ‘Catherine’ nos invita a reflexionar acerca de nuestras relaciones

A través de su narrativa, la obra de Atlus invita al jugador a replantearse y echar luz sobre algunas cuestiones personales

por Mikaela Cárdenas

Tiempo de lectura: 9 minutos

[Esta nota contiene spoilers de “Catherine: Classic” y “Catherine: Full Body”]

Esta no tan conocida entrega de Atlus (la empresa desarrolladora de las sagas Persona y Trauma Center) da bastante de qué hablar. Nuestra forma de relacionarnos, cómo transitamos el camino a la madurez y qué tipo de persona preferimos o no en nuestra vida son temas que salen a la luz a lo largo de toda nuestra partida. 

Esta historia nos pone en la piel de Vincent, un treintañero que está en una relación desde la escuela secundaria con Katherine, quien inesperadamente se encuentra en la cama con otra enigmática mujer llamada Catherine. Esto podría llegar a costarle no sólo su relación, sino también la vida, cuando todos los hombres infieles comienzan a tener terrores nocturnos que en algunos casos resultan mortales.

El juego nos cuestiona constantemente: ¿por qué elegimos ser fieles/infieles? ¿La vida empieza o termina cuando uno contrae matrimonio? Ante cualquier respuesta te recibe una risa burlona y un: «Claro, conque eso es lo que elegiste.» Mientras tanto, Vincent y nosotros nos quedamos pensando en por qué elegimos esas respuestas. Estas escenas pueden prestarse para reflexionar acerca de cuestiones como reglas tácitas de una sociedad patriarcal, de nuestra generación o hasta del lugar en el que vivimos, las cuales pueden tener que ver con cómo nos comportamos a la hora de generar una conexión con alguien.

Vincent y los prejuicios

En una de las primeras escenas, Katherine le sugiere que está pensando en el matrimonio. Vincent, a quien le genera terror el compromiso, le cuenta a sus amigos que no cree que casarse sea lo que ella realmente desea al ser una mujer muy enfocada en su carrera. Más tarde, él tiene una pesadilla en la que Katherine es un demonio vestido de novia. Podría interpretarse que el villano (Thomas Mutton) que crea las pesadillas para nuestro protagonista utiliza los prejuicios sociales como arma, ya que en la cultura japonesa se suele estigmatizar a las mujeres que trabajan y están casadas, llegando al punto de llamarlas oniyome” o “esposa demonio”. Se cree que antepondrían su vocación a sus relaciones personales y esto las hace frías o desalmadas. 

Este mismo tratamiento se le da a Catherine, la misteriosa chica con la que Vincent tiene un romance en secreto. Ella parece ser alguien extrovertida y osada, le gusta mostrarse pero a la vez no le importa lo que piensen los demás. Mutton juega una vez más con los prejuicios de Vincent (y los nuestros), mostrando a Catherine como un monstruo hipersexualizado con piernas y pestañas enormes, que ataca a Vincent mientras hace exclamaciones de carácter sugestivo. 

En la nueva versión del juego, ‘Full Body’, aparece un nuevo interés amoroso: Rin. Este personaje es pianista, sufre de amnesia y se muestra despistado, pacífico y compasivo. Utiliza un vestido estilo sailor fuku, tiene el cabello rosa y unos lindos zapatos de vestir. Al actuar como una presencia sanadora durante las pesadillas de Vincent, inicialmente él no tiene razones para ser prejuicioso. Sin embargo, luego de un malentendido, visita a Rin y por accidente lo ve sin ropa: este angelical interés amoroso es un hombre (y también se identifica como tal, usando pronombres masculinos el resto del juego). Al tener sentimientos románticos por este músico amnésico, nuestro no-tan-deconstruido protagonista se confunde e inicialmente tiene una reacción de rechazo ante esta revelación.

Todas estas instancias tienen consecuencias negativas en los vínculos de nuestro protagonista con las personas que lo rodean. Vincent hiere los sentimientos de Rin al no querer cuestionarse su propia sexualidad, y poner su género por sobre la afinidad que desarrollaron el uno por el otro. Lastima a Katherine al mentirle y desestimar el cariño y respeto que ella tiene por él, más allá de parecer fría. Y, finalmente, decepciona a Catherine al verla como un objeto sexual antes que una persona. 

Cuestionarnos estas actitudes en Vincent es un buen punto de partida para cuestionar nuestras propias actitudes recelosas o hirientes de las cuales quizás ni nos damos cuenta. Empezar a dejar la superficialidad de lado y comprender un poco mejor a las personas, en contextos románticos y hasta no-románticos. Como ejemplo, podemos ver un cambio positivo y un poco más de responsabilidad en los mismísimos creadores del juego: En la versión de 2011 de este título, se utiliza con fines humorísticos el hecho de que a Toby, uno de los amigos de Vincent, le guste Erica (una mujer trans que era el único personaje LGBT+ del título hasta el momento). En Catherine: Full Body (2019), no sólo se añadieron más escenas que involucran a Erica como la voz de la razón, sino que se agregó la línea argumental de Rin (un hombre que no se conforma con las manifestaciones tradicionales de género), diálogos acerca de cómo “amor es amor sin importar el género”, y un final en el que Vincent y Rin se casan. Si bien esto no está representado perfectamente, ni es una solución definitiva a los estigmas que muestra la primera entrega, es sin duda un paso en la dirección correcta.

Lo cómodo y conocido o el caos y la aventura

Si bien en la vida real existen los puntos medios y no todo es blanco o negro, en Catherine se nos interroga para saber si nos inclinamos más hacia un lado conservador y tradicional, o si somos más espontáneos y nos importa menos la presión social que nuestros deseos o necesidades. El juego pone estos dos extremos en términos de «ley» o «caos», respectivamente. 

Algunas de las preguntas se sienten invasivas, otras son graciosas, y un par, incómodas. También cabe aclarar que no hay opción correcta o incorrecta, lo que nos permite contestar con sinceridad como si se tratara de un confesionario real. Luego de elegir una de las dos opciones, se nos muestra qué porcentaje de personas eligió cada respuesta la primera vez que jugó. A veces, estas estadísticas nos toman por sorpresa. 

La mayoría de las personas cree que una cita romántica cuenta más como un engaño que un encuentro físico, lo que sugiere que se sentirían cómodos/as manteniendo una relación sexual con alguien que no es su pareja si dicho encuentro no supusiera una conexión emocional con la tercera persona. También se considera que podrían llegar a perdonar a su pareja si fuese ella quien lo hiciera.

Si bien las preguntas que plantea este título son universales, podrían tener más peso en Japón, donde es muy común que las parejas se engañen entre sí (sin importar el género). Es posible que sea tan habitual la falta de comunicación y la esperanza de entenderse entre sí de forma implícita, que esto termine causándole daño al vínculo de las parejas. Quizás, en ciertos casos, su visión de una relación sana pase por un acuerdo mutuo acerca de las libertades de cada uno y no-posesividad, y que esto no implique consecuencias graves para la persona que ‘rompió’ con la monogamia física, siempre y cuando se respete la ‘monogamia sentimental’. Tal vez, también tenga que ver el arreglo de matrimonios por conveniencia o el apuro de ciertas parejas por casarse, ya sea por presión social o familiar sin antes llegar a conocerse profundamente el uno al otro. 

Personalmente, creo que todos deseamos ser amados incondicionalmente y exclusivamente, aunque esto es casi imposible de comprobar con absoluta certeza ya que no se sabe qué piensa, quiere o siente nuestra pareja. Lo importante, para mí, es mantener una buena comunicación y llegar a un consenso que no hiera a ninguna de las partes, pero que tampoco esté cargado de toxicidad y celos.  

Algunas de las decisiones que toma la mayoría de las personas a las que apunta la demográfica del título tienen bastante que ver con la edad. Según estudios realizados recientemente, los millenials manejan otros tiempos cuando se trata de matrimonio, ma/paternidad y hasta las relaciones sexuales. A diferencia de lo planteado por la trama del título, no se trataría de inmadurez ni “alergia al compromiso”, sino un más intenso análisis de dichas decisiones a largo plazo, cómo afectaría sus vidas y las consecuencias en sus vida diaria, su estado psicológico y su economía. 

Esto podría tener que ver con la evolución en la crianza de cada generación, aprendemos de los errores que cometió la generación anterior y tratamos de no comprometernos a la ma/paternidad o al matrimonio si sabemos que no podemos criar a un potencial hijo (ya sea porque nos falta dinero o porque no tenemos el tacto para criar a un humano funcional sin herirlo psicológicamente de por vida de forma accidental). O, si simplemente, no estamos seguros de que nuestra pareja quiera estar legalmente atada a nosotros, o nosotros a él/ella, por un largo tiempo o para siempre.

Dentro de la historia, Katherine representa una interpretación anticuada de la madurez y la responsabilidad, deseando fervientemente casarse y ser madre. Y, aunque Catherine haga una escena de celos en cierto punto para asustar y confundir a Vincent, está intensamente implícito que ella representa el deseo físico y la resistencia al compromiso. Mientras tanto, Rin está en algún punto intermedio: es pacífico, comprensivo, pero a la vez no le parece tabú la sexualidad. Tanto Catherine como Rin representan valores relativamente jóvenes, relaciones desestructuradas que ya no se rigen por normas tradicionales. 

La primera vez que jugué esta entrega comencé a cuestionar mis propias inseguridades, celos y actitudes tóxicas. Me preguntaba por qué me gustaba la actitud de Catherine en teoría, pero en práctica yo me sentía mal cuando mi pareja mostraba interés en otras personas. Fue un punto de partida para comenzar a trabajar en todo aquello que actuaba como un detrimento para mis relaciones y para mí misma. Eventualmente, esa relación no funcionó y, de forma muy ingenua, creí que jamás tendría una relación romántica con nadie ya que el mundo como lo conocía se había terminado. Años más tarde, me encontré jugando este título nuevamente con quien ahora es mi pareja. Tuvimos conversaciones acerca de a quién elegiría cada uno y por qué, los términos de nuestra relación y nos reímos con la discusión acerca de si estaría bien o no tener una relación con un alien o un robot.

Así como pasó conmigo, es muy posible que cómo contestamos las preguntas que se nos presentan y el personaje que elijamos dentro de nuestra partida diga bastante de quienes somos. Actualmente, yo elegiría a Rin, me gusta que sea desestructurado y que a la vez transmita tranquilidad ¿Ustedes prefieren la seriedad de Katherine, la impredecibilidad de Catherine, o la dulzura y serenidad de Rin? ¿A qué atributo le dan más importancia? No hay forma correcta de escalar la torre en las pesadillas de nuestro protagonista, así como tampoco existe una forma correcta de encarar las relaciones con otras personas. A pesar de todas estas complicaciones, al menos en los videojuegos, siempre se puede volver a intentar.


Mikaela Cárdenas

Intento de música, ilustradora y streamer.

@spidermika