- Developer: The Game Kitchen - Autor:

Análisis | Blasphemous

Una fiesta de acción, exploración y violencia religiosa
por Sebastián Cigarreta | @grungecloud

Este ha sido un año excepcionalmente importante para los metroidvanias. El género vio el regreso triunfal del legendario Koji Igarashi con su delicioso y esperado Bloodstained, pero su obra sigue inspirando a talentosos creadores. Decir que Blasphemous es simplemente un buen exponente de este conjunto de juegos sería menospreciarlo, pero tampoco podría culparlos si a simple vista lo juzgaron mal.

The Game Kitchen bebió de muchas aguas para llegar a condensar la magia que reside en su juego, que desde aquella campaña de Kickstarter siempre mostró potencial, pero que realmente lo demuestra cuando estamos 100 por ciento metidos en la aventura. Desde el primer momento respiraremos el agobiante ambiente religioso, repleto de culpas y sacrificios para con sus fieles. El Penitente despierta sobre una montaña de cuerpos iguales al suyo, uno más entre miles que han dado su vida por la causa, y se muestra absolutamente resuelto a continuar el ciclo.

Los primeros minutos de juego hacen gala del delicioso pixel art y la banda sonora que forman el apartado técnico de Blasphemous. Cinemáticas animadas con el mismo nivel de detalle, pixel por pixel, y un excelente trabajo de voces en inglés. El escueto tutorial nos deja ver que los controles son fluidos y responden bien a nuestras órdenes, esquive, ataque, salto y parry es todo lo que necesitaremos para avanzar. El mundo es hermoso y desolador, la humanidad reducida a un puñado de sobrevivientes culposos del “milagro” y el resto transformada en monstruosidades pseudo religiosas.

La exploración es libre. Es posible acceder a cualquiera de los tres primeros jefes según nos quede mejor, pero la dificultad no es la misma en cada uno. Por eso, si les está costando una zona o un jefe, les recomiendo regresar y seguir recorriendo otros lugares. El mapa es enorme, intrincado e interconectado. Las paredes falsas dicen presente para aportar el ingrediente de secretos que todo título del género necesita para consolidar la propuesta. Habrá misiones secundarias, caminos opcionales y formas de seguir fortificando a nuestro Penitente más allá de lo que parece posible.

A la hora de la violencia Blasphemous nos presenta con un sistema de combate ajustado y pulido, pero no se caracteriza por complicados combos o una lluvia de mecánicas. Todo se basa en esquivar en el momento justo o hacer parry con buen timing, el poder de ataque de nuestra espada “Mea Culpa” y la cantidad de combos aumenta a medida que encontramos uno de los siete altares dedicados. Lo mismo con las plegarias (magias) que las vamos recibiendo cuando completamos misiones secundarias y son realmente útiles. Finalmente El Penitente cuenta con dos instrumentos de mejoras pasivas: el rosario y el corazón de la espada. En el primero combinaremos cuentas que nos harán más sencillo el avance, especialmente las que mejoran la defensa contra ciertos elementos. El segundo nos permite equipar reliquias que ofrecen una ventaja a costa de una desventaja, no hay apuestas seguras pero la recompensa siempre es alta.

Completar el juego de The Game Kitchen puede llevarnos entre 10 y 20 horas, dependiendo de cuánto querramos completar de las misiones secundarias y los objetos coleccionables. Podemos pasar horas encontrando la forma de alcanzar cada uno de los 38 querubines atrapados y muchas más para hallar todos los huesos del osario, las recompensas valen la pena, pero es posible alcanzar el final en mucho menos tiempo. Alcanzarlo no implica superarlo, el último jefe nos prepara una buena cantidad de ataques que nos asegura el desafío y, como si todo esto fuera poco, hay dos finales que conseguir. Si hacemos las cosas bien se pueden sacar en la misma partida, pero las cosas no son lo que aparentan.

La obra del estudio español está cargada de religión y misticismo. La fascinación del catolicismo por el sacrificio, el castigo corporal y las reliquias sangrientas marcan cada paso que damos. Para apreciarlo mejor les recomiendo que pongan los textos en español, que se presta mucho más al tipo de dialecto medieval que se usaba para justificar estas atrocidades. Vale la pena leer la descripción de los ítems y prestar atención a los diálogos, la historia está muy cuidada y le da el contexto perfecto para la cantidad de actos de violencia que vamos a protagonizar o al menos presenciar. Y la banda sonora a cargo de Carlos Viola se encarga de marcar a fuego cada escenario de manera magistral, cerrando un producto realmente sobresaliente.

Blasphemous no es perfecto y podríamos detenernos a hilar fino, cuestionando la cantidad de cuadros de invencibilidad durante un esquive o la manía del estudio por que cada salto sea exigente pixel por pixel, pero la obra general está más allá de estos detalles. Por momentos la dificultad nos empujará a tomarnos un descanso, las muertes contra los pinches o los jefes que parecen spamear ataques sin patrón aparente pueden llegar a agobiarnos. Pero en realidad siempre hay patrones, a veces son difíciles de ver, sin embargo toda situación o jefe puede ser superada sin que nos lleguen a dañar. A lo largo de las 20 horas que pasé con el juego de The Game Kitchen, juntando obsesivamente todo lo opcional que pude con miras al deseado 100%, pasé por todos los estados emocionales pero al final del día siempre volví a jugar un rato más y eso habla de la calidad de la obra en cuestión.

Penitente, estás libre de pecado

Blasphemous es más que un metroidvania, porque se separa del estigma de la imitación a fuerza de su propia originalidad. Es una obra de arte que cierra por todos lados, no hay puntos que reforzar, sino una brutal experiencia de acción para disfrutar y una buena lección que aprender a espadazo limpio.

Escrito por

Sebastián Cigarreta

Periodista especializado, amante de los géneros clasicos y las sagas de Hidetaka Miyazaki. Vega (Claw) main en SFV, Team Sega en épocas de guerra y acérrimo defensor de los juegos de acción en 2D.

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