Red Thread Games trae una trama que se define según nuestro punto de vista
No es una exageración decir que Draugen se separa del resto de las aventuras narrativas a fuerza de una propuesta diferente. El problema es que si les cuento cuáles son sus bondades estaría arruinándoles el disfrute principal del juego, ya que las más importantes tienen que ver con la trama. Por eso quiero dejar en claro que en este análisis no habrá spoilers de historia, ni nada que pueda empañarles la experiencia.
La categoría de Red Thread Games para sumergirnos en una narrativa única quedó de manifiesto con su saga The Dreamfall Chapters. Saben cómo someternos a las consecuencias de nuestras propias decisiones, sean estas acertadas o erróneas, pero a la vez consiguen mantener un hilo conductor claro para crear una historia coherente. En Draugen se alejan de su juego anterior porque seremos nosotros, a través de los ojos del protagonista, los que decidamos lo que está sucediendo con cada decisión que tomemos.

La historia nos lleva a 1923 y nos pone en la piel de Edward Charles Harden, un viajero norteamericano que se aventura a un pequeño pueblito de Noruega llamado Graavik en la búsqueda de su hermana perdida. Pero Draugen no sería nada sin la presencia de Lissie, la joven compañera de Edward, quien será la responsable de exponer un punto de vista realista y desestructurado al razonamiento obsesivo del protagonista.
Y es que todo lo que parece haber en la cabeza de Edward es encontrar a su hermana Elizabeth. Apenas llegamos a la aldea costera nos daremos cuenta de que la influyente familia local, aquella que simpatizó con nuestra causa y nos ofreció alojamiento, parece no estar en casa. Pronto veremos que toda la aldea se encuentra completamente vacía, o al menos así lo aparenta. Draugen comienza a darnos pistas de lo sucedido, una bandera a media asta, una nota apresurada sobre la mesa de una casa vacía, un almacén revuelto. Cada nuevo descubrimiento nos lleva a una opción de diálogo, pero no es tan sencillo porque con cada respuesta Edward racionaliza lo que está pasando.

Draugen es un juego de exploración que, por un lado, se toma con calma la narrativa, la cual es irónicamente el centro de la experiencia, y por el otro, descansa sobre nuestras decisiones para cementar los puntos importantes. La verdadera estrella de la aventura es la relación entre Lissie y Edward, quienes forman una suerte de Ying/Yang. Donde uno ve figuras siniestras y un complot profundo, el otro ve un descuido y un par de casualidades. Pero como nosotros controlaremos a Edward, y la historia está contada a través de sus ojos, también decidiremos cuál es la realidad. Entonces, siguiendo el ejemplo anterior, cuando Lissie nos pregunte qué pensamos al respecto, será nuestra respuesta la que decidirá si estamos ante una casualidad o ante un acto siniestro.
Toda la experiencia, con sus casi 4 horas de extensión, estará centrada en Edward, quien en su afán de descubrir el paradero de su hermana se encontrará con la inquietante historia de Graavik ¿Qué le pudo haber sucedido a un pueblo entero en el lapso del mes que demoró el barco en llevar a los protagonistas desde Estados Unidos hasta Noruega? Los miedos y prejuicios del hombre de mediana edad en 1920 y las oscuras historias del folklore noruego se mezclarán hasta el punto de definir toda nuestra experiencia.
En cuanto a lo jugable, podríamos definirlo como un walking simulator. Podremos correr e interactuar con el hermoso mundo que nos rodea, sentarnos a dibujar cada escenario llamativo y tomar apuntes en nuestro diario. Pero no habrá acción, enemigos ni puzzle alguno, solo Edward y Lissie recorriendo una preciosa aldea pesquera que por algún motivo se encuentra vacía, con la imperante necesidad de encontrar a Elizabeth, de la que no sabemos nada desde hace largos meses.

El apartado técnico es humilde, pero logra generar paisajes espectaculares, y siempre mantiene un clima interesante gracias a la banda sonora compuesta por Simon Poole. No obstante, lo que mantiene la experiencia a flote son los diálogos entre los protagonistas, que fueron exquisitamente actuados y hacen justicia al impecable trabajo de Ragnar Tørnquist. Se sienten naturales, interesantes y ayudan a construir el relato. Lissie aporta una dosis de comedia cuando las cosas comienzan a ponerse densas, también se fija en detalles que a Edward se le pasan de largo, tanto por su edad como por esa marcada inhabilidad para ver el mundo más allá de la ausencia de Elizabeth.
El final nos tomará por sorpresa y dejará más preguntas que respuestas. Si prefieren las historias claras, quizás deberían dejar pasar Draugen. Y es que en su afán de demostrar que la realidad es subjetiva a los ojos del protagonista deja en nuestras manos decidir qué fue lo que realmente sucedió. Sin embargo, y a pesar de la advertencia anterior, es un juego único que todo amante de las buenas historias debería jugar. Ya sea por sus hermosos escenarios, sus misterios ocultos o simplemente porque tiene algunos de los mejores diálogos que vi en los últimos años.