Nota: este artículo está libre de spoilers, tanto de esta versión como del original.
Estar escribiendo estas líneas forma parte de una experiencia onírica. Como lo fue ver el menú de inicio y escuchar esa melodía. Si sos alguien reciente en el universo de los fichines, o alguien que simplemente nunca estuvo muy interesado en el mundo de los RPG en general o de Final Fantasy en particular, es posible que no entiendas por qué tanto escándalo. De pronto empezaste a escuchar muchas reacciones exóticas a sus anuncios y a tener tu inicio lleno de fanarts de los personajes. También a leer muchas personas indignadas por los cambios en la historia y a ver comparaciones con los diseños poligonales de antaño. Toda esta gente apasionada, ¿de dónde salió? ¿Por qué tanto quilombo por la ““remake”” de un título de hace más de veinte años?
En resumidas cuentas, Final Fantasy VII fue una entrega que revolucionó a los videojuegos y su impacto al día de hoy es casi incalculable. Fue uno de los primeros RPG en contar con modelados en tres dimensiones y aprovechar esta tecnología para mostrar combates como nunca se había hecho anteriormente. La proeza técnica se disfrutaba también en las cinemáticas, aquellas de las cuales siempre se espera un alto nivel desde entonces. Ni hablar de que FFVII contó con un casting que se volvió icónico, una banda sonora espléndida y una historia tan intrincada y confusa como espectacular. También la utilización del medio es muy remarcable: esta experiencia sólo puede funcionar en un videojuego. Podría seguir por varios párrafos más, tratando de explicar por qué es directamente considerado uno de los mejores juegos de la historia, pero vayamos a lo que nos compete. (Dejo este video para seguir profundizando en su impacto).

Entonces, un día finalmente sale quizás la remake más pedida en la historia de las remakes. Las expectativas son altísimas, las posibilidades de fracasar preocupantes. ¿Cómo hacemos para llevar esta experiencia mítica a los tiempos posmodernos? Si estabas pensando en simplemente agarrar lo viejo y darle un lavado de cara con la última tecnología pero manteniendo la esencia -digamos, como pasó con Resident Evil 2 Remake-, te equivocás. Un equipo de Square Enix, con Tetsuya Nomura como director, decidieron hacer el camino difícil: apostar a algo nuevo, intentando reinventarse en el camino y salir victoriosos en ello. Es debido a ésto que al significante “remake” no tenemos que tomarlo por una simple “actualización técnica” de la obra. En cambio, estamos en presencia de la oportunidad de algo nuevo, del intento de crear algo completamente nuevo. Final Fantasy VII Remake es una reimaginación del original.
Hace unas líneas nombré a un tal Nomura. Quizás te suene, es el director de la saga Kingdom Hearts. Pues para alguien que jugó ambas franquicias, te digo que se nota su mano. Se nota muchísimo. Lo sentiremos tanto en la forma de contar esta historia como en el combate. Este último es, básicamente, una mezcla entre los núcleos de combate en tiempo real de Final Fantasy XV y los primeros Kingdom Hearts con una vuelta de tuerca: podés ralentizar el tiempo significativamente para elegir habilidades y magias de manera más cómoda y segura. El resultado es majestuoso. Estamos frente a uno de los mejores sistemas de combates de toda la saga y de cualquier RPG en general.

La party podrá ser de hasta un máximo de tres personajes, de los cuales uno sólo controlaremos de manera total y los otros dos serán utilizados por la IA. La trampa está en que ninguno de estos dos últimos hará otra cosa que ataques básicos (salvo contadas excepciones) y entonces tendremos que ir asignando comandos manualmente o ir intercambiando el control total del personaje. Este sistema permite varias capas de profundidad y armar estrategias de todo tipo. En cualquier momento se podrá realizar un ataque normal, un ataque único, cubrirse o esquivar. Para el resto de las habilidades y posibilidades -incluido el utilizar ítems-, habrá que ir llenando unas barras, las cuales se recargan mientras realizamos acciones mencionadas y pasa el tiempo. Consumiendo estas barras se podrán ejecutar hechizos de varios tipos, habilidades especiales de cada personaje, invocaciones y el movimiento por excelencia, el “Limit Break” (básicamente el “super”).
Me reitero, el sistema es majestuoso. Se ve y funciona de maravillas, con el único detalle de que su faceta aérea no es tan precisa con los personajes cuerpo a cuerpo. La progresión de los combates es lógica. Empezaremos con alguno sencillos y con pocas habilidades disponibles, para luego ir escalando hasta enfrentamientos de gran complejidad, con muchas situaciones y habilidades ocurriendo en la pantalla. Sorpresivamente la curva de dificultad está perfectamente balanceada y su incremento se siente natural, más allá de que en los últimos momentos sintamos las peleas como auténticos desafíos. Si le agarrás la mano, siempre encontrarás entretenimiento y ganas de probar nuevas opciones, con personajes que se sienten completamente diferentes y da placer usarlos.
Hablando de personajes, son los protagonistas de este ambicioso proyecto quienes te tendrían que enamorar realmente. Quizás no todos ellos, ya que en gran parte siguen siendo arquetipos del género, especialmente Cloud, quien con su amnesia y poca calidez en general pasaría como un personaje genérico de cualquier animé. Sin embargo, son sus recreaciones y profundizaciones -gracias a todo el contenido nuevo- los elementos que los han hecho más entrañables y carismáticos que nunca. Además lucen increíbles, es uno de los títulos más impactantes a nivel visual de la consola de Sony. No siempre es equitativo, hay varios NPCs que se ven bastante pobres en comparación y según donde mires podés encontrar texturas horrendas en los escenarios. Pero cuando funciona, el apartado es de una calidad pocas veces vista en el medio.

Esperá… ¿escribí “contenido nuevo”? Sí, y si sos alguien que estaba esperando este título ya te imaginarás de qué hablo. Pero, suponiendo que sea el caso contrario, hay que entender algo: esta “remake” no es una reimaginación de todo el juego original. Para ser francos, tan solo abarca el segmento de la ciudad de Midgar, el cual funciona como un arco introductorio de aproximadamente unas cinco horas en el original. Con la sutil diferencia que en esta entrega, la primera entrega episódica de aun no sabemos cuántas en total, dura unas treinta horas.
¿Cómo es ésto posible? Fácil: expandiendo todo lo imaginable lo ya creado e inventando nuevas escenas. Ya sean en forma de objetivos nuevos, enemigos creados de cero, misiones secundarias, minijuegos, escenarios completamente remodelados, los cuales ahora son mucho más explorables que antes, etc. Para dar un ejemplo claro, viejos Jefes que antes eran peleas breves y sin muchas vueltas, ahora son auténticas experiencias cinemáticas, con muchas fases y eventos especiales. Hasta los “Cuatro de Copa” recibieron un tratamiento que los dejó como enfrentamientos épicos. (Aunque a veces uno siente que se les fue un poco la mano).
Este “llevar al límite” lo viejo se repite con cada aspecto del juego. Los diferentes sectores poblados de Midgar están lleno de vida, y es realmente especial como podemos ver reflejados en estos personajes “de fondo” todos los sucesos que van ocurriendo. Las personas hablan todas a la vez, mientras nuestro compañero también nos dirige la palabra, generando confusiones pero también una sensación de estar en una ciudad real. Son zonas lineales, como de las cuales se culpó injustamente a Final Fantasy XIII, pero llenas de detalles y recompensas por explorar. Personajes de la historia que anteriormente eran sumamente anecdóticos ahora tiene un desarrollo soberbio, nos vamos a interesar por ellos.

El trabajo realizado con la música es bastante curioso. Salvando excepciones, en esencia son las mismas composiciones originales pero todas están expandidas, tienen segmentos nuevos, ampliaciones e improvisaciones que se sienten sumamente naturales. Como si siempre hubiesen estado ahí y simplemente las hubiésemos olvidado. Es por ello que, como ya ocurría con el original, las canciones son simplemente sublimes.
Nuevas escenas, nuevos diálogos, personajes, “nuevo todo”. Por más que los hechos principales de las primeras horas de Final Fantasy VII siguen estando y pasando de maneras similares, todo lo que hay en el medio es inventado.
Ahora, hay que ser honestos: ¿cuántas de estas novedades se sienten artificiales? Quizás “artificial” no sea la mejor palabra, porque por definición todo este contenido “extra” lo es. Analicemos entonces si ayuda a contar una historia más rica pero que no pierde sentido ni se siente estirada, o si los personajes tienen más desarrollo, o si todo lo nuevo que hacemos es divertido. Las respuestas, por lo menos de mi parte, son todas positivas. Te entiendo si por ejemplo las misiones secundarias te parecen genéricas y hasta aburridas. A mí me divirtieron por ser modos de presentar nuevas criaturas, recompensas importantes o simplemente ayudarme a sumergirme más en este nuevo Midgar y su gente. Sí critico que no todos los capítulos se sienten igual de balanceados en cuanto a pacing y que a alguno de ellos no les hubiese venido mal unas tijeras.

Dejando de lado todas las bondades que no paro de escribir, tengo que serte sincero con algo. Si sos un fan ortodoxo y con poca mente abierta a los cambios, vas a estar muy enojado. Varios párrafos atrás definí a esta remake como una “reimaginación” y lo sostengo. Resulta que, además de los hechos importantes que se repiten, hay cambios en la trama. Cambios grosos. Especialmente llegando a los últimos capítulos y hablando de un personaje en particular. Se cambia mucho de la construcción original de éste último y se termina haciendo algo completamente distinto, casi cambiando nuestros pensamientos sobre dicho personaje podría decirse. (Alguien podría decir que “lo arruinaron”).
Entonces, llegué a los créditos y me quedé perplejo. “¿Qué acaba de pasar?” Me devolvieron al menú de pausa y me explicaron novedades sobre el modo Hard y un seleccionador de capítulos. “Pero qué pasó, decime qué pasó realmente”. Al día siguiente, en frío, empecé a entenderlo y a comprender los riesgos que tomaron con esta entrega. Empecé a captar por qué esta “remake” es un juego episódico y por qué extendieron Midgar de esta manera.
Al final del día, yo estoy contento. Pasé casi cuarenta horas rememorando momentos de épocas casi edípicas, pensando “mirá cómo rehicieron esta parte” y también gritando “¿qué carajos está pasando?”. Más allá de ciertas dudas sobre a dónde irán a parar con esta nueva historia, celebro la agallas y la apuesta por algo nuevo. Ya estoy sumamente expectante de saber el devenir. Final Fantasy volvió a ser enorme.
por Axel Bosso