GitGud
Análisis

Ghostrunner, corriendo contra tu propios reflejos

Ninjas cibernéticos, parkour y una distopía cyberpunk son los ingredientes del último juego de acción de One More Level, que resultó ser una de las sorpresas del año

Ghostrunner, corriendo contra tu propios reflejos

Todo aquel que haya crecido en los noventas sabe que, al menos para algunas generaciones, los ninjas tienen un valor agregado inexplicable. Quizás porque estuvieron de moda en el género de acción de clase B de la época, tal vez porque todos los dibujos animados tenían un ninja en el equipo. Lo cierto es que el universo del gaming no estuvo exento de la invasión ninja. Aquellos que vemos más allá de un asesino encapuchado tuvimos nuestro momento de gloria con Metal Gear Rising Revengeance, el fantástico spin-off de la obra maestra de Hideo Kojima, pero desde entonces hemos tenido pocos juegos que rasquen nuestra picazón por las capuchas y las nodachis.

Ghostrunner viene a terminar la sequía de juegos de ninjas y, en su intento, nos regala una clásica historia digna de un buen blockbuster noventero, repleta de acción desenfrenada y un argumento sencillo pero interesante. El juego del estudio polaco One More Level nos pone en la piel del último de los Ghostrunners, una suerte de policía en este futuro distópico en el que la humanidad quedó al borde de la extinción, mientras intenta derrotar a The Key Master y salvar a lo que queda de la humanidad.

Luego de la cinemática inicial, que nos muestra la derrota del protagonista en manos—o mejor dicho en los tentáculos—de la villana, comenzamos a controlarlo en el tutorial que a la vez servirá de puntapié narrativo. Ahí conocemos a The Architect, una voz en la cabeza del Ghostrunner que le indica cómo utilizar sus habilidades, le cuenta que luego del golpe de estado fue rescatado y reconstruido y le da un objetivo: liberar a The Architect, recuperar el control de sus habilidades y derrotar a The Key Master para que la humanidad vuelva a su vida habitual.


La narrativa se va entregando a cuentagotas durante la acción, generalmente a través de diálogos, y en ningún momento frenan el desarrollo de la aventura. Ghostrunner es un juego de acción y nunca se olvida de ello pero, si prestamos atención a la historia, vamos a descubrir que no sólo está bien desarrollada, sino que tiene mucho que ofrecer. Por eso prefiero evitar spoilers pero, si les gustan las historias de ciencia ficción del subgénero cyberpunk, sin dudas van a disfrutar de los giros narrativos del juego de One More Level.

A la hora de jugar, Ghostrunner se siente familiar, pero a la vez ofrece una experiencia única. Los niveles son cerrados, coloridos y están perfectamente diseñados. En una primera impresión pueden resultar demasiado sencillos, hasta lineales, pero a medida que vayamos aprendiendo a jugar veremos que hay cientos de posibilidades. El protagonista, que a partir de ahora llamaré “Jack”, puede correr por las paredes, utilizar un grappling hook para colgarse de ciertos puntos y está armado con una katana. Los controles son precisos y están perfectamente pulidos, una vez que superemos la curva de aprendizaje vamos a poder desplazarnos por los niveles a toda velocidad y movernos a nuestras anchas mientras despachamos enemigos en un flash. 

La muerte será una compañera inevitable, en Ghostrunner todo muere de un golpe y Jack no es la excepción. Los niveles están diseñados para que podamos aprovechar las habilidades especiales del protagonista, pero por más que aprendamos vamos a morir, y mucho. Por suerte, el juego está tan bien optimizado que no hay pantallas de carga entre cada respawn y, si bien en lanzamiento experimenté algunos problemas gráficos, los parches de las últimas semanas terminaron de pulir la experiencia, al menos en PC y PS4.

Jack está diseñado para moverse a toda velocidad y los niveles para hacer gala de sus habilidades. Desde el primer momento vamos a saltar, correr por las paredes y derrapar por superficies en declive como si fuera nada. Este énfasis en el parkour, ayudado por la aparente falta de fuerza de gravedad, hará que el desplazamiento sea un placer equiparable a rebanar un enemigo de un golpe de katana. A medida que vayamos avanzando en la historia conseguiremos nuevas habilidades, desde poder frenar disparos con la espada, pasando por mejoras para el radar y hasta frenar el tiempo para hacer un ataque coordinado y matar a varios enemigos de un golpe. Cada una está representada por una pieza de poliominó, que deberemos acomodar en un panel eléctrico cuya superficie aumenta con las habilidades del protagonista. Esta forma de microgestión de recursos es entretenida y, si bien no representa una dificultad extra, suma una dosis de estrategia en medio de tanta acción.

Un nivel promedio puede completarse en cuestión de segundos, pero la habilidad necesaria para completar ese tipo de desafíos viene con la práctica. A simple vista siempre hay un camino obvio para eliminar a todos los enemigos y habilitar la salida, pero la experiencia de juego nos mostrará un sinfín de alternativas; lo más importante es mantenerse en movimiento. Los enemigos, aún los del inicio, abrirán fuego sin demasiados reparos y con puntería perfecta, pero si aprendemos a desplazarnos lateralmente y a ralentizar el tiempo en el momento justo, todos los ataques son esquivables. De todas formas, completar cada nivel no será tarea sencilla y, por más que no haya tiempos de carga, no es ninguna deshonra hacer una pausa cuando la frustración nos gana la batalla.

Ghostrunner balancea el combate y el parkour con segmentos plataformeros que suceden dentro de un mundo virtual, durante sesiones de hackeo tras las que conseguimos nuevas habilidades. Mientras avanzamos, The Architect y Jack aprovecharán a ponerse al día y profundizar en los pormenores de la historia, y a la vez son un bálsamo fresco para nuestros nervios luego de tanta acción. En lo personal disfruté especialmente este tipo de niveles, porque dejan en evidencia el trabajo de los diseñadores y lo pulida que está la jugabilidad en general. 

Cuando unimos los aspectos que conforman el gameplay—acción, desplazamiento y platforming—el resultado general es fantástico. Ghostrunner es un juego de acción diferente, que basa su propuesta en la precisión de la jugabilidad y el diseño de los niveles, pero que a cambio pide la misma precisión de nosotros. La frustración nos sigue bien de cerca, esperando detrás de cada muerte y en cada ataque mal ejecutado, aunque los momentos en los que el ritmo fluye son tan disfrutables que todo termina valiendo la pena. Es un título exigente, ideal para los más habilidosos, pero absolutamente inaccesible para quienes no tengan los reflejos necesarios, y ese último punto es la única posible contra que le encontré.

por Sebastián Cigarreta