Ser un parásito nunca fue tan satisfactorio
Voy a empezar este análisis con una contradicción. No me gustan los juegos que nos intentan convencer de que la frustración es el único camino al éxito. Pero por el contrario, si tuviera que elegir un título para jugar por el resto de mis días probablemente sea Bloodborne, Dark Souls o Sekiro. No tengo dudas. Si hay algo que hizo bien este trío fue enseñarme que, por más injusta que pareciera la pelea, cada muerte era cien por ciento responsabilidad mía. (Bueno, no vamos a negar que alguna que otra muerte es por un golpe fantasma o un giro de cámara inesperado. Teléfono para el Demonio de Aries). Y, obviamente, cada victoria también. Pero no me senté a escribir sobre mi adoración hacia los juegos de From Software. Aunque tal vez alguna editorial futura me permita explicar por qué me refugio en esos títulos cuando no sé qué jugar.
También odio analizar un juego en comparación con otro, más aún cuando son productos diametralmente opuestos. Y por el momento trataré de no caer en tan aberrante práctica. La cuestión es que traje a colación la obra de Miyazaki para hacer una introducción a los juegos difíciles. Los cuales, gracias a su complejidad, nos obligan a repetir una y otra vez las mismas cosas. Y al final, cuando conseguimos superar esa barrera, lo festejamos con un puño apretado y sentimos la satisfacción de haber aprendido algo. Aunque luego, siempre a la vuelta de la esquina, nos van a volver a hacer sentir débiles como un pollito mojado. Y si hay un juego que me transmitió eso los últimos día fue Hyper Parasite, de Troglobytes Games. Les cuento por qué.

Hyper Parasite es un rogue-lite top down shooter. O, dicho en criollo, un shooter cenital con escenarios que se crean aleatoriamente. Como en la mayoría de estos juegos, la tan temida muerte permanente dice presente, la cual termina siendo un mal necesario para poder completar cada uno de los escenarios. Lo que pasa es que morir es una de las mecánicas más útiles para hacer las partidas cada vez más sencillas. Porque el juego, de arranque, es difícil como pocos y pasarlo sin una muerte es prácticamente imposible.
El título es demandante porque los escenarios están plagados de enemigos que todo el tiempo nos están atacando sin darnos un respiro. Pero lo que parece un garrón con el tiempo va a ser una oportunidad, ya que nuestro protagonista puede adoptar dos formas. Una es la de parásito, cuando más vulnerables somos y como menos tiempo vamos a querer permanecer. La otra es la forma humana, la cual adoptamos cuando invadimos el cuerpo de un enemigo. Esto nos permite usar todo su set de movimientos y ataques especiales, tener más salud, poder usar ítems y abrir algunas puertas especiales.
Claro que no todo es así de sencillo como suena. Porque para poder invadir el cuerpo de un enemigo primero tenemos que conseguir su cerebro y, posteriormente, pagar una determinada cantidad de dinero para, finalmente, poder invadirlo la próxima vez que lo enfrentemos. Cuando entendemos bien este sistema, empezamos a dejar de lado la frustración de cada muerte y empezamos a usarlas a nuestro favor.

Hyper Parasite se divide en cinco escenarios principales que se generan proceduralmente. En cada uno de ellos hay 12 tipos de enemigos distintos y todos controlables si pagamos el tributo necesario. Aunque, como dije anteriormente, primero tenemos que conseguir el cerebro del enemigo y luego llevarlo a la zona segura. Un punto clave del mapa donde se pueden comprar mejoras, ataques especiales y otros power ups que nos van a servir si queremos pasarla dentro de todo bien. Y sobre todo, nos permite prepararnos de cara a los jefes de cada sección.
Mi primer enfrentamiento con un jefe fue bastante frustrante y hasta me hizo pensar que el juego era demasiado difícil para mi gusto. Porque, además de tener que enfrentar al boss en cuestión, constantemente aparecen enemigos normales. Los cuales al principio -cuando todavía no tenemos sus cerebros y no podemos controlarlos- son un verdadero dolor de cabeza. Y ahí perdí. Una vez. Dos veces. Tres veces. Empecé a maldecir un poco al juego, porque me obligaba a arrancar de cero cada vez que alguien me mataba.
Morir es una de las mecánicas más útiles.
Cada vez que nos matan volvemos al primer escenario y perdemos todo lo que teníamos. Menos los cerebros que fuimos desbloqueando y el dinero depositado en los que todavía no están completos. Me explico: si pusimos 200 monedas en un cerebro que necesita 1000, esas 200 chirolas van a estar en la próxima partida. Y ahí está el “truco”, el cual consiste en usar las primeras partidas para recolectar dinero y depositarlo en los cerebros de los enemigos más poderosos. Para que, al desbloquearlos, podamos usarlos como huéspedes y enfrentarnos al jefe de cada nivel con una leve ventaja de nuestro lado después de un par de partidas.

De todas maneras, el juego sigue siendo bastante difícil aún cuando entendemos cómo jugarlo. Y no les voy a negar que seguí renegando cuando algún proyectil carroñero me agarraba por la espalda y me arruinaba un hermoso run con más de 2000 monedas por gastar. Pero si hay algo que no es Hyper Parasite es injusto. El sentimiento inicial, de que este juego no era para mí, se transformó en un sin fin de partidas súper frenéticas. Sólo necesitaba sacarle la ficha.
Hyper Parasite es un juego desafiante que nos propone asimilar la derrota y usarla como herramienta para sacarle el máximo jugo a la experiencia. Después de hacer ese “click” vamos a pasar horas machacando enemigos sin temer a una inminente derrota. Perdón si con el arranque de la nota parecía que estaba a punto de presentarte un souls-like o algo por el estilo, claramente no. Pero si tuviera que darte una última recomendación antes de que te sientes con este fichín sería: prepare to die.
por Germán Raffo