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Análisis

Lost Ember, un breve pero intenso viaje

Una aventura narrativa muy creativa e innovadora

Lost Ember, un breve pero intenso viaje

Últimamente–y cada vez con más frecuencia–prefiero dedicarle mi tiempo a juegos que pueda completar en apenas unas pocas horas y que me generen, en ese poco tiempo, la satisfacción que hace unos años me daba terminar un Far Cry, GTA o cualquier título extenso de mundo abierto que me tomara más de 30 o 40 horas. Para ser sincero no es que ya no me gusten ese tipo de entregas, pero en épocas donde abundan las obligaciones saber administrar el tiempo es cosa de sabios. Tampoco me considero el más sabios entre los sabios, pero si voy a dedicarle una breve cantidad de horas a un juego, quiero que sean suficientes como para terminarlo en una o dos sentadas. Y creo que para eso están los indies: para satisfacer la necesidad de seguir jugando, pero con tiempos más acotados.

Esa necesidad hoy en día está más que satisfecha. Es que la oferta de juegos independientes está en uno de sus momentos más destacados, de hecho algunos de los mejores títulos de los últimos años han sido pequeños lanzamientos, los cuales fueron amados por cientos de jugadores y desarrollados apenas por un puñado de developers. Podría ponerme a enumerarlos, pero esta vez quiero hacer foco exclusivamente en el título que me lleva a hacer todo este preámbulo sobre economía de tiempo y pequeñas grandes sorpresas.

El juego en cuestión es Lost Ember, una aventura narrativa desarrollada por el estudio alemán Mooneye, cuya propuesta es tan simple como atractiva: para poder desenredar el hilo conductor de la narrativa vamos a tener que controlar a una decena de animales salvajes, cada uno con diferentes habilidades y cualidades. A través de un argumento sencillo pero contado de una manera super inteligente vamos a ir conociendo la historia de una civilización desaparecida y sus pormenores. La mezcla de una propuesta jugable bastante original y un plot conciso y bien contado hacen que este juego sea uno de esos que seguramente recordaré con mucho cariño.

El universo donde transcurre Lost Ember estaba habitado por los Yanrana, una civilización cuya creencia establecía que aquellos que morían con asuntos pendientes o no habían tenido una vida honorable no podían ascender a la Ciudad de la Luz. Estas almas permanecían pululando en el mundo de los vivos hasta que de alguna manera podían redimirse; incluso el “castigo” de algunos era volver a la vida dentro del cuerpo de un animal. Bajo estas normas divinas se encuentran en el medio de un bosque una loba y un pequeño orbe de energía habitado por una de estas almas en pena. El juego nos pone en las cuatro patas de esta loba solitaria, cuyo objetivo será ayudar a esta alma a ascender a la paraíso, pero en el camino también descubrirá porqué ella tampoco pudo descansar en paz.

Lo curioso de nuestra protagonista es que está dotada con una habilidad que le permite habitar el cuerpo de cualquier animal que se cruce en su camino, desde un pequeño colibrí hasta un inmenso elefante. Esto nos servirá para poder movernos con total libertad por cualquier terreno y entorno donde una loba tal vez no podría hacerlo con facilidad. Acá reside el principal atractivo del título, ya que a pesar de algunos bugs que comentaré más adelante, la idea de poder trascender y controlar cualquier animal está muy bien lograda y cada criatura se mueve de manera súper natural. Incluso algunas tienen habilidades únicas que nos van a permitir descubrir varios secretos.

El principal recurso que utiliza Lost Ember para contarnos los sucesos y la historia de los Yanrana son los recuerdos de la Loba cuando era humana. Para poder acceder a ellos tendremos que recorrer el mundo en busca de fogatas, las cuales servirán como puerta entrada a estas memorias. Aunque el mundo está conectado a través de un mapa enorme, éste se va desbloqueando a medida que alcancemos las fogatas, y a pesar de tener bastante libertad para explorar todo el entorno, el camino entre ellas es bastante lineal y no supone un gran desafío. Explorarlo a fondo sólo nos sirve para encontrar ítems coleccionables que no aportan demasiado al lore y claramente son una excusa para hacer el título un poco más durable. Para ser sincero evité todo este proceso de investigación y me dediqué al cien por ciento a disfrutar de la historia, pudiendo completar el título en tan sólo una mañana.

El nivel de detalle de los escenarios es abrumador y aunque no es una maravilla gráfica, cada uno de los niveles está diseñado de manera única para transmitir una sensación de calma muy tangible. Desde los frondosos bosques hasta los valles con las ruinas de los Yanrana son un lujo para recorrer y perderse en tan vasto y extenso mundo. Todo esto es acompañado de una banda sonora super tranquila, en la cual predomina lo instrumental.

Técnicamente es donde el juego tambalea un poco. Si comparo el tiempo que estuve jugando con la cantidad de bugs que me encontré en el camino tendría que decir que es una bola de problemas, pero algo me hizo que las repetidas caídas de frames, los congelamientos de algunos segundos y varios problemas de cámara y colisiones no fueran del todo un dolor de cabeza como para arruinarme la experiencia final. Es cierto que estos errores serían imperdonables en otras circunstancias, pero Lost Ember tiene algo que me hizo quererlo de todas maneras, aunque no puedo negar lo inestable que es por momentos. Por suerte mientras escribía estas líneas recibí una notificación en mi consola que me decía que el juego recibía una actualización, en parte para solucionar mucho de estos problemas. ¡Vamos Mooneye!

Lost Ember es una buena idea bien ejecutada. Esto es lo que hace grande a los desarrolladores independientes: tienen pequeñas grandes ideas bien llevadas, sin demasiadas pretensiones. O mejor dicho, son conscientes de sus limitaciones. Es cierto que sus problemas técnicos opacan un poco la experiencia, pero al final del día termina siendo una historia atrapante con algunas vueltas de tuercas y un mundo hermoso lleno de secretos y variados entornos para disfrutar un breve pero intenso viaje por la historia de una antigua civilización.

por Germán Raffo