Maneater - Developer: Tripwire Interactive - Autor:

Análisis | Maneater

Mucho más que “Tiburón”, un poco menos que “Sharknado”.
por Axel Bosso | @Axl_Bosso

Hace unos diez años, una práctica cotidiana de mi pre-adolescencia consistía en ir a la casa de mi primo y probar algún “nuevo” título en la consola de turno. Si tenía multijugador, mejor. Cooperativo, ni hablar. Así ha desfilado sobre mis manos una catarata de títulos de muy diversas calidades, desde clásicos inoxidables—jugar Twisted Metal era una cábala—hasta otros que quizás solo no hubiese tocado nunca: War of the Monsters, G.I. Joe: The Rise of Cobra, Sonic Riders, Dragon Ball Z: Sagas y muchos otros de los cuales solo recuerdo imágenes y sensaciones. No eran los “grandes juegos”, estaremos de acuerdo. También eramos pendejos, jugábamos cualquier cosa. Pero como bien profesa ese dicho popular en el medio, “un buen co-op con amigues te salva del peor embole”

En una actualidad de consumo muy influenciada por sistemas como Metacritic, junto a un público que suele pelearse con periodistas por los puntajes que ponen, Maneater me hizo pensar mucho en estas cuestiones. Cómo uno a medida que va creciendo puede ir refinando sus gustos, ser más exigente y a la vez desechar muchas experiencias que en otra época le hubiesen gustado. Personalmente no me agrada ponerle puntaje a los títulos, y agradezco que este sitio me salve de ese ejercicio. Pero me voy a contradecir un momento para cerrar la idea: Maneater es uno de esos juegos de “5 ó 6 puntos”, plagados de errores, problemas o simplemente pecadores de ser “mediocres”. Sin embargo, ha sido un título que disfruté y me divirtió de principio a fin. Veamos por qué.     

Mientras pensaban cómo plantear el tutorial, las personas de Tripwire Interactive fueron inteligentes. Te plantea usar a un tiburón hembra bastante poderosa de entrada, con muchas capacidades ya mejoradas. Te dejan ir y hacer un poco de desastres, comiendo civiles en la plaza o destrozando barcos de pescadores. Todo termina cuando cierto personaje llamado Pete te captura. Antes de mandarte al cielo de los pescados, te quita a tu cría de adentro y la arroja al mar. Así comenzará una historia de venganza y leveleo al por mayor, para pasar de ser un tiburón diminuto a una auténtica máquina mutante de matar.

“¿Mutante?”. Así es. Maneater es un juego ridículo que no se toma en serio, y es gracias a ésto que empieza ganando con ventaja. Resulta que a nuestro tiburón le podremos ir desbloqueando mejoras con poderes sobrenaturales, como dar una suerte de “dashes”, en los cuales se teletransporta unos segundos y deja estelas de electricidad alrededor. O rellenar su cuerpo de piedra para poder mejorar su resistencia por un tiempo limitado. O también la posibilidad de dispersar veneno por su cola en cada ataque. Podría seguir un poco más, pero se entiende la idea. Además, ya contamos de yapa con la posibilidad de revolear lo que sea que esté entre nuestros dientes hacia otro objetivo, o dar saltos y volteretas en el aire, muy útiles para esquivar balas. Más allá de ciertas mejoras específicas que, honestamente, nunca las vamos a usar porque simplemente no convienen frente a otras, existe una mínima variedad de mutaciones que permiten cierta diversidad en el camino por estos ocho capítulos. 

Arrancaremos en una zona pantanosa, con apenas dientes y con criaturas que nos pueden liquidar rápidamente (los cocodrilos no son amigos). Cada animal ingerido subirá una barra de experiencia y otorgará determinados nutrientes necesarios para poder mejorar las partes y mutaciones de nuestro nadador. Como tenemos entre mano a una suerte de “RPG Acuático”, los motivos de esta aventura se dividirán en misiones principales y secundarias, distribuidas en un gran mapa con diferentes locaciones interconectadas. Ambos tipos de misiones repiten estructuras y objetivos: dentro de las más relevantes encontramos consumir X cantidad de animales o humanos, vencer a una suerte de Jefe, ya sea una persona o algún tipo de pez, y conseguir un nuevo nivel de “infamia”. Ésto último se consigue básicamente matando humanos indefensos, aquellos que disfrutan la ausencia de una cuarentena obligatoria en sus playas o remando un rato. Esas muertes irán llenando una barra de “amenaza”, la cual una vez activada funciona como las estrellas en GTA. Vendrán pescadores en sus barcos buscando nuestra carne. Entre más aniquilemos, más se subirá nuestro nivel de infamia, hasta provocar la llegada de un “personaje especial” que funcionará a modo de Jefe. Luego de devorarlo, se consigue un nuevo nivel y las fuerzas de seguridad serán cada más poderosas.

Con respecto al contenido secundario, básicamente tiene que ver con recolectar diferentes tipos de coleccionables, como carteles, cofres con nutrientes y puntos de interés, o masacrar alguna cantidad en especial de humanos o un animal acuático en particular. Es en estos puntos de interés donde hallamos uno de los aspectos humorísticos más pintorescos, porque a veces aparecen inventos y otras referencias a la cultura pop o inclusos mensajes políticos. Por ejemplo, encontraremos la casa de Bob Esponja, relatos de esclavizadores reales de la historia o incluso una referencia directa a Fyre Festival, el “super evento” que terminó siendo una estafa. Todo eésto relatado con la voz de nuestro narrador, quien irá relatando todo lo que encontremos y vaya pasando alrededor nuestro. Me encantó su tono de voz, su naturalidad al relatar datos biológicos de diferentes especies y chistes negros con exactamente la misma cadencia, como si fueran sinónimos. A su vez, me hubiese gustado que tuviera más líneas grabadas y que no repitiera ciertos diálogos decenas de veces al repetir alguna acción.

Hablando de repetir, es posible que tengas un sentimiento de reiteración luego de unas horas. No hay mucho que hacer, y aunque exista un lógico incremento de dificultad y diversidad de enemigos, tampoco es que se vuelva una diferencia muy sustancial. Maneater es ésto: vení a sacarle filo al gatillo-botón con el cual se come-, esquivá un poco lo que venga y pedí la cuenta. No hay más para buscar, y honestamente, para las menos de 10 horas que lleva, no sentí que hiciera falta. Me extrañó la falta de otros animales acuáticos que tuvieran las mismas habilidades que nosotros, u otras exclusivas. Creo que ahí es el único punto en donde el título tuvo una notable chance desperdiciada.        

Contemplada esa ausencia, no hay mucho más que criticar. La historia es lineal y sencilla, pero el relato a lo programa de MTV de los 90’s con personajes humanos y sus vinculaciones es entretenido. Se juega bien, pero no perfecto: el lock-on básicamente está de adorno, no funciona correctamente porque ni bien salga nuestro enemigo de la pantalla se deshace automáticamente. Tampoco se entiende por qué en esta diversidad de vida marina y humanos siempre te van a atacar exclusivamente a vos, nunca entre ellos, ya sea inter o intra especie. Rompe cierta ilusión del ecosistema que crea, pero a su vez, a no ser un simulador sino un arcade hecho y derecho, lo dejás pasar. Hay caída de cuadros—al menos en PS4—cuando hay muchos enemigos en pantalla, pero diría que hasta le suma cierto condimento de juego “viejo” que le queda muy bien. (¿No tiene mucho sentido ésto último, no? Ya es la nostalgia de juegos “mediocres” tomando el discurso, dejemoslo ahí).  

En definitiva, Maneater ofrece lo que promete ser: un videojuego sin grandes pretensiones ni planteos rompedores de paradigmas. Es ser un tiburón por un rato y brindar destrucción a cada paso, con un poco de exploración y recolección de ítems por acá y por allá. Ideal para un fin de semana y para apagar la cabeza unas horas luego de una semana de tantas noticias trágicas. 

Escrito por

Axel Bosso

Joven escritor amante del entretenimiento en general. Lic. en Psicología en proceso y entusiasta de la Filosofía. Kojima es mi pastor, Foucault mi mentor. Me podés leer en otros sitios, como Bloody Disgusting e Into The Spine.

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