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Análisis

Streets of Rogue, el delirio de lo imposible

Abrir las puertas de la libertad y la creatividad nunca fue tan satisfactorio

Streets of Rogue, el delirio de lo imposible

TinyBuild es una de esas compañías que encuentran su lugar dentro de la industria. Es que título tras título se afianza como un publisher indies que -en su gran mayoría- están en la media de los juegos que todos deberíamos probar alguna vez. Esto hace que con el tiempo estos distribuidores se conviertan en un sello de calidad y funcionen como un “filtro” a la hora de elegir en qué invertir nuestro dinero. Y TinyBuild tiene con qué respaldar esta reputación que va forjando, porque con lanzamientos como Party Hard, Punch Club, Swag and Sorcery o Hello Neighbor fue cimentando esta fama.

Streets of Rogue es otra de las joyitas que tiene en su catálogo, una propuesta tan innovadora como ambiciosa de la mano de Matt Dabrowski. Un juego -que sale de Early Access en paralelo a su llegada a consolas- cuya principal fortaleza es que no se puede encasillar en un único género en particular, o mejor dicho en un sub-género. Porque está claro que toma las bases de un roguelite, con escenarios generados aleatoriamente y la tan temida muerte permanente; pero a la hora de jugar nos da toda la libertad para elegir nuestro propio estilo, convirtiéndolo en básicamente lo que nosotros queramos. Un RPG, un shooter, un beat ‘em up, un título de espionaje o todo junto, o ninguno de ellos. Es en serio, podemos hacer lo que queramos porque hasta la elección más absurda es la correcta.

Por lo menos en este caso estoy usando la palabra absurdo como un adjetivo positivo, porque es el mismo juego el que busca generar esta sensación con todo lo que hagamos, por más que para cumplir nuestro objetivo tengamos que explotar una casa, comprar un esclavo, hackear una heladera o liberar a un gorila. Incluso la historia–que no va a ser más que una excusa–también le aporta un poco de delirio: somos parte de La Resistencia y tenemos que sacar del poder a un gobernador tirano que, entre tantas atrocidades, decidió prohibir los nuggets de pollo y la cerveza. La base de este grupo anarquista funciona como hub para acceder a las misiones, comprar mejoras o modificadores, empezar sesiones online o cooperativas y alistarnos para nuestra próximo run.

Cada vez que empezamos una partida podemos elegir un personaje distinto, con habilidades y cualidades que los caracterizan y diferencian del resto y que hace que cada sesión pueda ser única. Las posibilidades son muchas: médico, hacker, ladrón, ninja, gorila, mendigo y muchas más clases que se van desbloqueando a medida que cumplimos objetivos. En mi primer misión jugué como un hacker y pude completar muchos objetivos casi sin ensuciarme las manos, al mejor estilo Watch Dogs; después intenté ponerme en los zapatos de un ladrón y casi como una sombra me infiltré entre las líneas enemigas para poder robar el objeto  clave para la misión: un diente. Pero lo mejor es no encariñarnos con nuestro personaje, porque va a morir y con él se irán todos los ítems y experiencia conseguida durante la partida. Volver a empezar va a ser la única opción. Hermosa muerte permanente.

Las maneras de jugar realmente son abrumadoras. Sumado al desarrollo procedural de niveles y misiones, cada momento es único. Todas las zonas tiene sus NPC con rutinas establecida y actividades diarias que llevan a cabo en paralelo a nuestra misión. También hay muchos con los que podemos interactuar: comerciantes, ladrones, matones que nos ofrecen protección o verdugos que venden esclavos. Muchos nos serán de gran ayuda y otros van a ser un dolor de cabeza. Pero lo que hace tan loable a Streets of Rogue es la inteligencia artificial de los personajes, los cuales van a reaccionar de distintas formas ante nuestras acciones y van a hacer la experiencia mucho más interesante. Por ejemplo, podemos sobornar a la policía para que «no vea» nuestros crímenes o podemos pagarle a un matón para que ajusticie a algún cristiano, y con esa distracción seguir avanzando sin levantar sospechas.

Todo esto mejora cuando jugamos en cooperativo. Streets of Rogue es una gran experiencia a la hora de jugar con amigos. Su estilo hilarante y desopilante hace que las sesiones sean de lo más divertidas. Aunque al momento de publicar esta review todavía no pude probar el modo en línea, su modo cooperativo a pantalla dividida con hasta cuatro jugadores simultáneos es la experiencia definitiva y como más pude disfrutarla. Hacerlo en solitario tiene su encanto también ya que todo se vuelve más desafiante, pero lo cierto es que nada puede superar una sesión casera. Incluso su sencillez lo hace sumamente interesante para jugadores casuales, por lo que no es necesario ser un jugador avezado en la materia para poder disfrutar de esta experiencia.

Lo que más se le puede criticar al juego es lo repetitivas y parecidas que pueden parecer algunas misiones, sobre todo cuando tenemos que hacerla tres o cuatro veces por partida. Me pasó varias veces tener que repetir un mismo objetivo–o casi el mismo–en dos misiones seguidas. Es cierto que a medida que avanzamos los niveles la dificultad aumenta bastante–ni hablar si pasamos de zona–, pero una mayor variedad de misiones le hubiera dado un aire más fresco a cada partida.

Streets of Rogue es una experiencia cooperativa excelente y súper satisfactoria. Es el maridaje justo del género roguelite con todos los sub-género que devienen de los estilos de juego que se pueden adoptar en la aventura. Sinceramente es difícil encontrarle algo negativo a un producto que hace lo posible para que constantemente busquemos hacer nuestras propias reglas y rompamos constantemente los esquemas.

por Germán Raffo