Análisis | The Wonderful 101: Remastered

Al pueblo lo que es del pueblo. PlatinumGames rompe las barreras de Wii U y ofrece a las masas su más alocada y mejor lograda propuesta de juego.
por Jeremías Curci | @jerecurci
The Wonderful 101: Remastered - Developer: PlatinumGames - Autor:

A veces disfrutamos de discusiones que no tienen realmente mucho sentido, más que el hecho de la discusión en sí misma. Cuando se trata de los juegos de PlatinumGames, o incluso de la obra de Hideki Kamiya en general, The Wonderful 101 suele omitirse con muchísima frecuencia; incluso yo soy culpable de semejante delito. Que esto suceda, sin embargo, no es un fenómeno caprichoso. The Wonderful 101 es uno de esos juegos míticos que fracasaron estrepitosamente. Exclusivo de la difunta Wii U—la cual no superó los 13 millones de unidades vendidas en su ciclo de vida—, el desenfadado título de Kamiya acumuló un poco más de setenta mil copias vendidas.

Sí, como lo leen: si generalmente se omite The Wonderful 101 en la discusión es porque realmente lo jugó muy poca gente. Su edición “Remastered”, apoyada en un Kickstarter en el que no voy a ahondar, viene justamente a subsanar el pecado que supone que semejante obra de arte quede confinada en el terreno vecino al abandonware.

De remaster, lo que se dice remaster, esta reedición no tiene mucho que digamos. En este aspecto habría que detenerse a revisar qué significa exactamente una remasterización: en ocasiones apreciamos mejoras desde lo técnico; en otras, vemos no sólo un lifting visual sino también mejoras en mecánicas y otros aspectos que hacen de la obra original algo mucho más actual.

The Wonderful 101 sin embargo no necesita nada de eso. Más allá de ciertos trucos visuales y bordes dentados aquí y allá, el juego se ve y corre estupendamente bien, al menos en la versión de Nintendo Switch que utilicé para este análisis. En PlayStation 4 y PC entiendo que corre igual de bien—incluso mejor—, pero sentí que este juego tenía que ser jugado en una consola de Nintendo. Y acá abro paréntesis. Una de las pocas cosas que sí tocaron es la escena de introducción: el juego fue una suerte de coproducción entre PlatinumGames y Nintendo, y el logo de la gran N fue removido por completo de la intro. Sin embargo, los guiños al universo nintendero siguen estando ahí, por eso sentí  la mejor forma de apreciarlo era en un sistema de Nintendo. Cierro paréntesis.

Como decía, no le hace falta maquillaje a este título porque tiene condiciones de sobra para brillar hasta encandilar, y lo hace en reiteradas ocasiones, a través de las más de veinte horas que nos ofrece en la primera pasada. Esto es así gracias a una historia hilarante y disparatada, la cual se mueve en tropos clásicos del super sentai japonés, mezclada con una dirección artística que da en todas las notas altas, además de una jugabilidad familiar que rompe varios de los estamentos que el propio Kamiya viene impartiendo desde sus primeras creaciones. De hecho, The Wonderful 101 es un juego disruptor, en el sentido de que se anima a ir contra lo que uno esperaría de su creador. Por esto mismo considero que es el mejor juego de su autoría: se lo percibe como que está haciendo exactamente el juego que quiere hacer, sin importarle nada más.

Por fortuna, funciona. El primer cambio en el paradigma Platinum es que la narrativa no se centra en un héroe definido, sino que aborda un colectivo llamado “The Wonderful 100”: una cruzada de héroes alrededor del globo que, en este caso, se unen para repeler una invasión alienígena y salvar al mundo. Toda esta info nos baja durante la secuencia de presentación, la cual a su vez oficia como una declaración de principios: el tono de la historia, la personalidad de los personajes, el humor y el timing soberbio que tiene. El punto es que el primer héroe que se manifiesta es Wonder Red—o Will Wedgewood, su nombre de civil—, un docente que viaja con sus alumnos en una suerte de monorail futurista que será usado como arma al estallar la invasión alienígena.

La secuencia frenética se nos presenta en una perspectiva isométrica, donde vemos el tren andando a toda velocidad por la ciudad futurista, con un destino fatal: una escuela repleta de niños. Así es que primero ponemos a salvo a los chicos en un vagón—”reclutándolos” al pasar por al lado, uno de los fundamentos del juego—para luego depositarlos en un lugar seguro. Y ahí empieza la transformación: en una secuencia digna de Power Rangers, Will se convierte en Wonder Red y se dispone a detener el tren,inmediatamente asistido por Wonder Blue, uno de sus compañeros. Verán, la pandilla de héroes de este título son 100, pero sólo unos siete son los principales. Cada uno de ellos tiene poderes que les permiten convertirse en distintos elementos contundentes.

Wonder Red, por ejemplo, se convierte en un guante que puede aplicar ataques en combo, pero también sirve para rotar elementos del escenario, abrir cofres o resolver puzzles. Wonder Blue se puede convertir en una espada que le permite rebotar rayos o también abrir cerraduras. Hay siete variantes principales, y el resto de los héroes temporales o secundarios—civiles que rescatamos del peligro y se suman a nuestra causa— potencian distintas transformaciones según su personalidad. Es realmente muy gracioso ver cómo la turba iracunda—pero del bien, claro está—se parapeta detrás del chipote chillón de Wonder Red, como buscando protegerse en medio de la batalla.

Los escenarios—un total de diez—son muy amplios y están ambientados en entornos urbanos futuristas, bien en la onda super sentai. A su vez, están divididos en pequeñas misiones que son ni más ni menos que las instancias de combate. Si los juegos de PlatinumGames son una especie de lenguaje, The Wonderful 101 sería una suerte de dialecto. Con el pad en la mano vamos a notar mucha familiaridad en el ritmo de la acción y en la respuesta de los controles, pero el hecho de comandar tantos personajes a la vez lo hace sentir por completo distinto, con nuevas reglas a respetar. De ahí que lo primero que hay que asumir es que la perspectiva indicada es la más alejada de todas de la acción, porque sino es muy difícil seguir lo que ocurre en pantalla.

Un botón nos ayuda a enviar a nuestros aliados al combate, mientras que con otro atacamos con el arma principal elegida. Desconcierta un poco que al principio no haya botones para bloquear, esquivar y realizar tales acciones tan características de un hack ‘n’ slash, y esto es porque necesitamos desbloquearlas primero. De hecho, The Wonderful 101 es un juego que se disfruta mejor una vez que ya pasamos la mitad del juego y tenemos más herramientas a disposición: lo que parecía algo bidimensional se convierte de pronto en el juego más profundo y complejo de la factoría PlatinumGames. Dominar este nuevo dialecto otorga sensaciones de recompensa hasta ahora insólitas en la obra de Kamiya. 

Todo está muy bien resuelto, salvo un detalle fundamental, el cual tiene que ver con cómo cambiamos las armas principales. Como saben, este fue un título pensado para Wii U y, por lo tanto, la mecánica de cambiar de armas se valía de la pantalla táctil de la difunta consola de Nintendo, dibujando figuras como si de un Okami se tratase. Bien, ésto se resolvió incorporando el stick derecho en la movida, y hay que decir que funciona a medias. El martillo ha generado threads enormes en Reddit por su dificultad y condición errática en la invocación: trazar una línea recta con un círculo al final es mucho más difícil de lo que aparenta, y lo que es aún peor, rompe el elevado ritmo que tienen los combates, algo difícil de ignorar. En la pantalla táctil de Switch en modo portátil es donde mejor se lo disfruta, pero ésta es una de las cosas que se hubieran beneficiado con un poco más de cabeza o amor. No termina ahí: la pantalla “secundaria” aparece y molesta, porque literalmente se dibuja una mini pantalla que nos sirve para ciertos minijuegos que debemos sortear. No es una parte muy presente en el juego, pero cuando llega, da muchos dolores de cabeza.

The Wonderful 101 es un juego sumamente profundo y encierra una enorme cantidad de mecánicas que lamentablemente debemos descubrir en su mayoría, por nuestra propia cuenta. El juego se empecina en atosigarnos con tutoriales que enseñan algunos aspectos útiles pero que no son los más importantes. Uno de los elementos que más me gustan del juego es la idea de poder despojar a los enemigos de sus armas principales al liquidarlos—es increíble levantar, por ejemplo, un cañón gigante y ver cómo toda la turba lo lleva y lo dispara de acá para allá. Esto se logra emparejando el color del arma con el haz de luz que despliegan los enemigos al aparecer en el campo de batalla. ¿Cómo lo descubrí? Viendo un tutorial de un jugador pro en YouTube. Esta es una condición heredada del juego original, pero tampoco eso lo redime del problema: estamos ante un título que hace un muy pobre trabajo explicándose a sí mismo.

Estas manchas son demasiado pequeñas si las extrapolamos con lo que The Wonderful 101 representa en su totalidad: sin lugar a dudas estamos frente al mejor juego de PlatinumGames. Uno de los mejores y más originales hack and slash que podés encontrar por ahí. Es un juego que toma riesgos y se anima a meter ideas para luego descartarlas y no volver a utilizarlas más; un título con un ritmo que no para nunca, que divierte porque se juega fenómeno y también porque te hace reir. Es Kamiya desatado, creando una pieza que conjuga perfectamente la experiencia acumulada en juegos tan dispares como Viewtiful Joe, Devil May Cry y Bayonetta. No voy a decir que es perfecto, porque sus bemoles se sienten, pero muchas cosas que consideramos esenciales en esta vida tampoco lo son.

Después de ver rodar los créditos me invadió una sensación contrariada, de esas que dejan los viajes cálidos que llegan a su fin. Pero como suele ser costumbre para PlatinumGames, el final es sólo el principio. El juego cambia drásticamente en los niveles de dificultad más elevados, gracias a cómo mezcla los tipos de enemigos de diversas formas, lo cual nos lleva a emplear distintas estrategias como también a utilizar a los personajes de distintas maneras. También hay rejugabilidad en los niveles: lejos de funcionar como meras arenas de combate, están plagados de recovecos con secretos; áreas a las cuales podremos acceder usando las habilidades de navegación que también están disponibles—la fabricación de líneas de cruce para los vacíos o las escaleras son dos ejemplos concretos—; a su vez se incluyen personajes ocultos de franquicias de la casa. Hay de todo.

The Wonderful 101 es un juego rebosante de contenido pero hecho con mucho amor y atención al detalle: cada secuencia animada, cada gag, cada desbloqueable, todo está puesto de forma artesanal, con un sentido, con propósito. Muchas veces nos detenemos a sacar cuentas sobre cuánto sale animarle las bolas virtuales a un caballo, o cuántos millones de triángulos se necesitan para modelar doscientas estatuas iguales, y de pronto se nos escapan juegos como éstos. Juegos que parecen hechos por un par de personas, pero que en realidad esconden una artesanía que ni veinte kickstarters podrían solventar. Por eso, y volviendo a la reflexión inicial, hubiera sido una locura enorme que todo ésto quedase encerrado en los confines de Wii U. Esta reedición, con sus pequeños desaciertos, es un acto de justicia a un juego que, como mínimo, merecía esta segunda oportunidad. Ahora está en vos ponerte al día, porque si tenés PC, PlayStation 4 o Switch, ya no tenés excusa: es el hack and slash que tenés que jugar.


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Escrito por

Jeremías Curci

Pater familias. Toda la vida jugando, un tercio de ella escribiendo. PR y obrero literario. Visto en Infobae, Malditos Nerds, Vorterix, GamePod y unos cuantos lugares más.

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