Un roguelike familiar que sabe como diferenciarse
En el punto más frío de la noche Devespresso Games nos trae un roguelike que mezcla elementos de otros juegos para intentar sobresalir. Sebas nos cuenta si vale la pena invertir nuestro tiempo en esta aventura.
Cuando un juego toma elementos de identidad de otro de una forma tan agresiva es difícil no compararlos y, es más, es directamente una invitación a hacerlo. Por lo general estos casos terminan en un burdo intento de subirse al éxito ajeno y terminan cayendo por su propio peso, pero a veces hay excepciones. Afortunadamente para Devespresso Games, Vambrace: Cold Soul pertenece a ese pequeño y esquivo grupo.
En una primera impresión, especialmente si jugaron Darkest Dungeon, van a tener una fuerte sensación de Deja-vu. Vambrace comienza con un breve tutorial sobre el sistema de exploración y combate, que parece estar directamente plagiado del juego de Red Hook Studios. Sin embargo a medida que vayamos avanzando iremos descubriendo una serie de características que lo separan del clásico de 2016, porque estamos ante un RPG con elementos roguelike que intenta cubrir todas las bases, incluyendo la historia.

Y como en todo buen RPG la narrativa pasa por una protagonista, en esta aventura somos Evelia Lyric. Que llega a una ciudad maldita, aislada del resto del mundo por una pared de hielo impenetrable que congela y mata a todo aquel que intente atravesarla. Icenaire se transformó en una ciudad asediada en la que las diferentes razas clásicas de las aventuras medievales fantásticas (Elfos, Enanos, Drows, Humanos) tuvieron que aprender a convivir para sobrevivir en paz. La historia de Vambrace funciona y, si bien cae en varios lugares comunes, es el motor que nos ayudará a superar los primeros episodios del juego mientras nos acostumbramos al ciclo de exploración.
Para movernos entre locaciones el juego nos presenta un gran mapa a escala por el que podremos caminar con nuestro avatar en modo chibi, sin aclararnos qué es cada lugar pero marcando claramente los puntos de interés para avanzar en la narrativa. En Icenaire tendremos una taberna para socializar con los NPC de nuestra party, un tablón donde nuevos mercenarios irán ofreciendo sus servicios, un mercado central donde invertir nuestro dinero y una serie de locaciones pintorescas repletas de personajes con tips, misiones secundarias o al menos alguna información para complementar la historia.
La historia y el desarrollo de los personajes son sencillos, pero hacen la diferencia y terminan siendo una de las características que rescatan a Vambrace cuando llega la hora de la comparación. Cada vez que vayamos a combatir y explorar una de sus tantas mazmorras nos acordaremos de Darkest Dungeon, porque Devespresso Games decidió copiar sin vergüenza alguna la disposición de los personajes (2D, con sprites grandes dibujados a mano), el sistema de combate en sí (por turnos, con habilidades de clase y un medidor de cansancio equivalente al “terror” del otro juego) y hasta las trampas, el desplazamiento y la forma de explorar del juego de Red Hook Studios. Sin embargo no pudo igualar su complejidad, ni la variedad de clases, armas ni mucho menos su dificultad.

Por eso digo que Vambrace: Cold Soul va por otro lado. A simple vista y durante las primeras horas parece que se trata de un mal clon, sin embargo de a poco se va separando hasta convertirse en algo diferente: un RPG por turnos con exploración de corte roguelike y un diseño atractivo. Todos los sprites de los personajes están diseñados a mano y representados con una imagen estática a la hora de participar de la narrativa que, a su vez, se desenvuelve a través de grandes cantidades de texto. A lo largo de la aventura habrá lugar para memorables diálogos con NPC, decisiones que desencadenan varias consecuencias interesantes y algunas vueltas de tuerca imprevistas.
Devespresso llenó su juego de guiños y referencias a los jugadores de RPGs, implementó mecánicas de crafting, negociación con los mercaderes y gestión de inventario para balancear el ritmo de la exploración. En cuanto a lo que quedó del sistema de combate en el cual se inspiraron podríamos decir que es más que nada lo estético, porque las armas y habilidades son heredadas por la clase, dejándonos la posibilidad de equipar un ítem para modificar las características de cada personaje. Lejos de ofrecer una experiencia frustrante, Vambrace castiga al que arriesga demasiado pero premia al cauteloso y precavido. La mecánica de campamento, si la usamos sabiamente, nos permite evadir a la muerte pero si abusamos nos llevará directo a sus brazos.
Pero lo más atractivo, aquello que nos hace seguir jugándolo a pesar de las muertes y esa necesidad de volver a la base a dejar los ìtems, es la rutina de exploración y la sensación constante de estar avanzando. Quizás no avanzamos dentro de un mapa, tampoco subimos de nivel así que no sirve “farmear”, pero sí conseguiremos ingredientes para forjar mejor equipamiento y dinero para comprar todo lo necesario. Una vez que exploremos una cierta cantidad de mazmorras seguidas podremos enfrentarnos al jefe del nivel que, si bien no será fácil, tampoco resultará endiabladamente difícil y si prestamos atención podremos derrotarlo en un par de intentos.