Cyberpunk 2077 es una oda al Rock & Roll

"La música te encontrará"

Franco Borgogna

Aviso: incluye spoilers de una quest secundaria.

No me considero un músico con todas las letras. Simplemente soy una persona que, por azares de la vida, inquietudes y ganas de experimentar cosas diferentes, un día terminó sentada detrás de una batería. Desde ese día, encontré en la música una forma de expresarme, de descargar todo tipo de sentimientos, ya sea frustraciones o alegrías. Con el paso del tiempo, comencé a meterme más y más en este mundo de la percusión, aprendiendo y mejorando mi técnica, aunque nunca me consideré un virtuoso, sino un baterista funcional a la música que tocaba.

En esa época, durante la cual vivía en mi pueblo en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires, tuve dos bandas. La primera, que se llamaba Énfasis, la formamos entre amigos y conocidos. Ahí tocábamos lo que pintaba, desde covers hasta canciones propias, en lo que era un rejunte que definíamos como “alternativo”, porque la verdad sea dicha, alternábamos mucho de género. En aquellos días de juventud, donde nada nos preocupaba demasiado y nuestra rebeldía comenzaba a abrirse paso por nuestras cabezas,  provocamos un cambio sin siquiera darnos cuenta.

Este cambio llegó por nuestras canciones, pero no por lo que decían, sino porque nos expresábamos, porque la música nos daba voz. Ahí fue donde decenas de jóvenes perdieron el miedo—o quizás la vergüenza—, vieron que otros lo hacían, eso los animó y muchas bandas comenzaron a surgir. Tal es así que el garage de la casa de mi abuela, el lugar donde ensayábamos, se convirtió en uno de los epicentros del rock veinticinqueño. Aquí surgió “El Lugar”, un cuarto con el piso lleno de manchas de aceite de uno vaya a saber qué vehículo y cuatro paredes pintarrajeadas con grafitis que aún hoy sobreviven al paso de los años.

La otra banda que tuve se llamó Supersónicos. Con esta banda, que desgraciadamente duró muy poco, mi espíritu rebelde emergió con mucha fuerza e intensidad. Por aquellos días no me importaba nada, no tenía miedo de lo que pudiera pasar y me volví muy contestatario. Tal es así que nos llegamos a enemistar con casi todos los vecinos de mi abuela, al punto que nos tiraban piedras a la puerta del garage cuando estábamos ensayando. Eso fue un gran problema, no solo para mí, sino para mi abuela que, si bien nos animaba a seguir ensayando, era consciente de que era ella quien pagaba las consecuencias.

Lamentablemente, las cosas se fueron yendo de mambo y todo llegó a su final el día que uno de los vecinos se plantó en la puerta de la sala de ensayos con ánimos de irse a las manos. Recuerdo que ese día estábamos solo dos de los miembros de la banda, Fernando y yo, y si no nos agarramos a piñas con aquel tipo fue de pura casualidad, porque justo en aquel momento donde los ánimos estaban tremendamente caldeados llegó mi viejo para poner paños fríos. Ese día sentí que me hicieron callar la boca, que me censuraban y que estaba a punto de perder algo importante no solo para mí, sino para mucha gente: El Lugar. Recuerdo que Fernando estaba que ardía de la calentura. La situación era irreversible y en vista de lo sucedido, sí, habíamos perdido aquella sala de ensayo, nuestro espacio.

Ese día, sin saberlo, había conocido a Johnny Silverhand, el personaje de Cyberpunk 2077 interpretado por Keanu Reeves . Si era por mí, hubiera prendido fuego el auto del vecino y posiblemente, aunque tenía todas las de perder, me hubiera agarrado a las piñas con este, un poco por diversión y otro poco para hacer entrar en razón a aquel tipo. Pero la violencia no es mi estilo, no va conmigo, y del mismo modo que V tomaba esas píldoras para acallar a Johnny, yo de algún modo hice lo propio acallando esa voz que me incitaba a romper todo. Después de dicho episodio, seguimos tocando un tiempo e incluso compusimos un tema dedicado a este vecino, el cual tuvo bastante éxito. Seguíamos siendo rebeldes, pero además irreverentes.

Con Supersónicos seguimos tocando un tiempo hasta que cada uno de los miembros tomó su rumbo y la banda se disolvió. Ese día sentí que la música me abandonaba y no encontré consuelo por ninguna parte. Ese día sentí que mi espíritu rebelde se apagaba.

El tiempo pasó y luego de varios años, por azares de la vida, terminé mudándome a la ciudad de La Plata. Por increíble que pareciera, fue pisar allí y la música volvió a mi vida. Al poco de establecerme, pasé a formar parte de Manchester, un proyecto con el que Fernando, mi amigo de la infancia, venía laburando hacía tiempo y del cual quiso que sea parte. Lo crean o no, fue sentir que recuperaba una parte de mi ser otra vez.

Con Manchester pasé prácticamente 7 años de mi vida ensayando y tocando en cuanto bar nos abriera las puertas, ya sea en La Plata o Buenos Aires. Fueron años maravillosos de rock, alcohol y viajes que dejaron un sinfín de anécdotas. También de algunas peleas internas, momentos tristes y otros más alegres. Años en que mucha gente que quise se fue de la banda, e incluso, de este plano terrenal. Cosas que pasan.

Las canciones que tocábamos con Manchester eran en inglés, cosa que jodía a mucha gente porque decía que no entendía las letras y en parte nos jodía a nosotros porque tras cada recital era “¿Por qué no cantan en castellano?”. Es irónico porque, por lo general, hay muchas canciones que tarareamos, que nos gustan y que no entendemos lo que dicen o lo que pretenden decir, pero no cuestionamos a los artistas, sino que aceptamos sus obras tal y como son. En fin, pareciera ser que, para nosotros, berrear detrás de un micrófono en otro idioma era motivo suficiente como para no conectar con un público pretencioso y exigente.

Luego de 7 años, terminé por dejar Manchester. Básicamente porque me fui del país. En ese momento sentí que había dejado la música para siempre. Que nunca más sentiría lo que era pisar un escenario.

Desde que me fui del país, muchas cosas pasaron, y al no tener la música, todas mis energías y tiempo libre fueron dedicados a otro de mis hobbies favoritos: los videojuegos. De hecho, los videojuegos son muy importantes para mí por numerosas razones, pero eso se los cuento otro día. Cuestión que, como gran parte de la comunidad gamer, yo también esperaba con ansias que llegara el día en que Cyberpunk 2077 finalmente se pudiera jugar… y vaya, a veces no hay que esperar demasiado, porque en una gran cantidad de aspectos lo hecho por CD Projekt Red fue un total y verdadero fiasco.

Cyberpunk 2077 es un juego que encuentro mediocre. Es un excelente storyteller, pero tiene tantas cosas criticables. Para empezar, el estereotipado modo en que se representa a la comunidad latina, seguido por el trato que han dado a las personas trans con el famoso cartel publicitario de “Mix-It-Up”, entre otras cuestiones. Por otro lado, las promesas rotas por parte de CD Projekt Red, el haber defraudado a los usuarios de PlayStation 4 y Xbox One, además de someter a sus empleados al siempre cuestionable e infame crunch. Y por supuesto, los bugs. Sinceramente, creo que hasta fue una suerte para sus responsables que prácticamente solo se hable de ellos durante semanas.

Además, el juego no es la revolución que prometieron, ni mucho menos. Hay que reconocer que Night City es hermosa, probablemente la ciudad más hermosa creada en un videojuego, donde a cada paso que das se vuelve algo compulsivo el apretar el botón de capturar imágen. Pero, lamentablemente, es solo una fachada, porque la ciudad está vacía, muerta, llena de transeúntes que parecen autómatas que deambulan de un lado a otro sin sentido aparente. El entorno no reacciona a nuestro accionar y las interacciones que podemos realizar con este son nulas. Es como si la ciudad fuera una hermosa pantalla de carga entre misión y misión.

Dejando de lado eso, como shooter es divertido, pero tampoco una locura. En un principio me llegó a dar la sensación de que cada arma funcionaba mejor contra ciertos enemigos en concreto. Sin embargo, pasado un tiempo, la experiencia demuestra que no es así y da igual con qué dispares, porque al final el arma más efectiva será la que haga más daño. También hay mecánicas rotas como el sigilo, lo que generalmente deriva en que los enemigos te vean desde vaya uno a saber donde, se pongan como locos y todo devenga en una balacera sin control.

Por otra parte, como RPG me parece un juego súper plano, ya que no hay decisiones que impacten de lleno en la trama. De hecho, elijas lo que elijas da igual, porque—como se suele decir—todos los caminos conducen a Roma. Y ni hablar de las misiones o “curros” secundarios. Me refiero en concreto a la mayoría de las misiones que te encomiendan los fixers o también los “chanchullos” del departamento de policía. Son casi todas iguales, sumamente repetitivas y no aportan prácticamente nada al conjunto.

Sin embargo, hay algo de este juego que me hizo sentir mucha nostalgia y, por alguna razón, me hizo recordar aquellos años en los que era un joven rebelde aspirante a estrella de rock: Johnny Silverhand. Este personaje es maravilloso y conocerlo fue como conocer a mi yo del pasado en muchos aspectos. Por este motivo y algunos más que explicaré a continuación, llegué a la conclusión de que Cyberpunk 2077 es una oda al Rock & Roll. Pero no a la estrella, sino a ese rockero de barrio con mucho que decir, pero con pocos que lo escuchen.

Cyberpunk 2077 habla de muchos temas, pero al final del día todo gira en torno al rock. Prueba de esto son los nombres de la mayoría de las misiones, que evocan a canciones como Mi Rock Perdido de Los Rodríguez, Entre dos Tierras de Heroes del Silencio, El Vals del Obrero de Ska P o Todo se Transforma de Jorge Drexler, entre otros tantos. Pero también está el tema de Silverhand y Samurái, su banda con la que buscaba transmitir un mensaje de rebeldía que terminaba cayendo en oídos sordos.

Cyberpunk 2077 me hizo acordar a aquellos años de Énfasis, de Supersónicos, cuando era joven y no importaban las consecuencias. Ahora que lo pienso, eso le da un sentido al hecho de que la conducción de los vehículos dentro del juego sea tan poco realista y pueda ir a toda velocidad con una moto o el Porsche 911 de Silverhand, sabiendo que no hace falta tener cuidado porque nada me va a pasar si choco contra algo. Y es que de hecho, en Night City no existen las consecuencias porque como dije, el entorno no reacciona a nada de lo que hagamos.

Fuera de bromas, creo que el título de CD Projekt Red, a pesar de sus muchas carencias, me transportó a aquellos días felices y de algún modo me volvió a conectar con la música. Sentí que conocer a Johnny Silverhand fue como conocer a mi yo del pasado, pero hoy. Me hizo recordar aquellos días de música, de ensayos, de alegrías y discusiones. De lo lindo que era subirse a un escenario y hacer sonar aquellas canciones de amores, rebelión y corazones rotos. Escuchar cómo este magnífico personaje habla de lo que para él significaba cantar, de lo importante que era su banda, su estilo de vida, fue verme proyectado. Fue como si una parte de mí reviviera e hiciera latir mi corazón al ritmo de una batería.

De hecho, uno de los momentos que más disfruté de Cyberpunk 2077 fue la misión en que Samurái se vuelve a reunir. Es una misión sin tiros, sin sigilo, sin acción, donde lo único que tenemos que hacer es juntar a los miembros de la banda para dar un recital más… por los viejos y buenos tiempos. Esa misión me hizo sentir lo que era estar otra vez encima de un escenario, cantando para un montón de gente que no conocía ni entendía lo que estaba berreando, pero que por alguna razón apreciaba lo que hacía. Ahí me emocioné hasta las lágrimas y, si les soy sincero, a pesar de haber leído la letra, no llegué a entender cuál es la idea detrás de “Like a Supreme”. Lo único que sé es que disfruté de la canción, que ese momento me encantó y me quedé con ganas de más. Sentí como si volviera en el tiempo para vivir una noche más con Manchester.

Conocer a Silverhand me conectó nuevamente con la música a pesar de estar a 10.000 kilómetros de mi país. De hecho, una vez terminé el juego, me puse a rebuscar en mi PC y encontré grabaciones que tenía de Manchester y de otras bandas de las que formé parte. Eran canciones con sentimiento, con mensajes, con historias, las cuales comencé a compartir con amigos y conocidos. No sé si las entendieron, ni tampoco sé si les gustó o tan solo si llegaron a entender por qué espontáneamente les llegaban esos archivos de audio mediante Whatsapp. Solo sé que para mí significó mucho y que fue muy importante recorrer Night City en compañía de Johnny Silverhand y descubrir maravillado que, detrás de un videojuego lleno de aspectos mediocres, volvía a encontrar esa conexión con la música.

V, el protagonista del juego, no se parece en nada a un rockero. De hecho, no sabe nada de música. No obstante, cuando Silverhand se une a su mente, aprende un par de cosas al respecto, como por ejemplo, lo dura que puede ser la vida de un músico que intenta ir contra un sistema establecido, en donde importan mucho más las apariencias que lo que uno tenga que decir. En mi caso, que hoy por hoy no estoy tocando nada, Silverhand me hizo recordar que la música sigue dentro de mí, que aún me quedan cosas por decir. Y me quedo con una frase del título que reza más o menos así:

“Date tiempo. Las ideas vendrán. La vida te sacudirá, te hará rodar y tal vez te abrace. La música te encontrará”.


Franco Borgogna

Periodista apasionado por los videojuegos que sueña en mundos pixel-art sin caídas de frames. Streamer a tiempo parcial, fundador de la comunidad “La Orden del Pixel”, amante de la series, las películas y los comics.

@El_Viejo_Frank