El (no) poder despertar de un sueño

Sobre navegar por los planos de Bloodborne

Axel Bosso

La ignorancia es algo que nos acompaña en toda nuestra vida. No importa qué tanto estudiemos algún objeto, temática, hecho u obra. Siempre habrán detalles, recovecos, perspectivas, intenciones o rasgos que permanecerán ocultos. Nuestro conocimiento no es una mera cuestión de acumulamiento, sino de construcción. Construcciones que tienden a alejarse de procesos lineales y de reiteración. Son, más bien, experienciales, sociales y colectivos.

Sigo sintiendo escalofríos cuando doy pasos sobre la ciudad de Yharnam. Cada ventana esconde una tragedia ya ocurrida o a punto de suceder. Hijas esperando a padres que no volverán, al menos no de la forma que desearían. Personas mayores encerradas, implorando por una ayuda que las proteja del infierno desatado en sus calles. Es que los pocos civiles que pululan, de casa en casa, han sucumbido al uso de un líquido que los intoxica, ya sabiéndolo de antemano, y aún así no pudieron evitarlo.

Gran parte de lo que ocurre en el universo de Bloodborne se debe, en primera instancia, a seres y entidades fuera de nuestro “nivel de comprensión” actual. Por otro lado, también está relacionado con lo que figuras con ambiciones inmensurables han querido llevar a cabo para buscar respuestas. Se nos envuelve con las palabras de Master Willem, aquel que ha sacrificado sus ojos terrenales para poder “ver más allá”; con las de Laurence, el estudiante modelo que ha decidido seguir su propio camino de descubrimiento, cortando lazos de manera irreparable; y también con Gehrman, “el Primer Cazador”, quien nos contará más de su colectivo y del por qué parecemos estar atrapados en un sueño. ¿Quién sueña? ¿Por qué conmigo?

Las respuestas son relativamente abiertas y extensas, tanto como aquellos laberintos interminables de Pthumeru, la construcción subterránea que alberga misterios y más de lo que alguien podría considerar posible. Generalmente criticada (y con razonamientos justificados), la “estructura” narrativa de este título sigue posicionándose como un trabajo de construcción del conocimiento sublime. Por supuesto, con dificultades y con prácticas que puedan quitar el entusiasmo, como estar anotando qué dice la descripción de este objeto que acabo de recoger del suelo, para luego imaginar por qué parece estar ligado con la criatura que estoy escuchando gritar detrás de aquella puerta. Pero también con la libertad de hacer una arqueología y consecuente búsqueda sobre una verdad que no es tal, sino múltiple. Sobre un horizonte que se aleja, como es esperable, cada vez que doy un paso.

Mi mayor temor en estos caminos sangrientos no ha sido el de haber enfrentado, a duras y costosas penas, contra bestias que apenas puedo describir con palabras. Es el haber estado viviendo una situación donde, sin importar que hubiera tenido el conocimiento del Maestro o alguno de sus alumnos, sin importar haber intentado transgredir los planos del pensamiento, sin importar la cantidad de “ojos” o sangre que haya consumido ni tampoco las tierras que haya visitado o los restos de los “Great Ones” que haya conseguido, nada en mi entender hubiera cambiado. Es imposible encontrar La Verdad, única y tangible, inigualable. Solo inclinaciones, pero a veces contradictorias, paradójicas, ásperas y movedizas. Soy insignificante frente a la magnitud de los hechos y de las entidades que me rodean.  Pareciera no haber ningún tipo de conocimiento capaz de echarme un poco de luz, más allá de runas creadas por alguien muy importante para intentar representar los dichos de entes legendarios. Es decir, dichos irrepresentables.

Sin embargo, la grandeza de esta macabra aventura (o pesadilla) está ahí, al alcance. Resulta que, a pesar de quizás no haber llegado a un entendimiento o redes de conocimientos que me hagan sentir más seguro y menos a la deriva, pude vencer. Logré, más allá de mi supuesta insignificancia y pequeñez frente al cosmos, ser alguien que haya hecho algo de valor, algo significativo. Por supuesto, dentro de las posibilidades que se me presentan al concluir, pude no haber despertado del sueño, pude haber empezado un loop de nuevo o haberme convertido en algo que no hubiera imaginado. Pero aún así, pude ser alguien.

Feliz cumpleaños, Bloodborne.


Axel Bosso

Escritor amante del entretenimiento en general. Lic. en Psicología en proceso y entusiasta de la Filosofía.

@Axl_Bosso