Cómo un simulador de camiones se convirtió en mi escape de todo

por Iván Castillo

Tiempo de lectura: 8 minutos

Algo muy característico de la pandemia es cómo esta nos hizo recontextualizar todo, desde nuestros pensamientos y opiniones hasta nuestros hábitos. Esto mismo se aplica con los videojuegos, y no solo porque el consumo de estos se disparó descomunalmente ante esta situación que nos ancla a casa. Sino también porque el tipo de experiencias que buscamos en ellos ha cambiado por completo; o al menos este ha sido mi caso.

Suelo disfrutar todo tipo de juegos con mi grupo de amigos. Desde el casual y absurdo Human: Fall Flat hasta algunos más exigentes como Factorio. Pero incluso yo levanté una ceja cuando uno de ellos sugirió que jugáramos Euro Truck Simulator 2. “¿Un juego de camiones, en serio? ¿Hasta este punto hemos llegado?” El resto también se rió un poco de la idea, pero lo cierto es que algo de interés casual tenían en jugarlo. Casi todos manejan en la vida real, y sonaba como algo atractivo para ellos poder hacerlo todos juntos. Yo, por mi parte, no tenía ningún tipo de inclinación por los vehículos, así que solo jugué un par de horas y pasé a otra cosa.

Pero claro, eso fue antes de que el mundo se diera vuelta. En plena pandemia, un año después de este experimento fallido, uno de ellos volvió a mencionar este juego. A pesar de ser una época en la que ya estaba jugando algunas otras cosas, me picó el bicho de la curiosidad y lo volví a instalar.

Al principio, la experiencia era familiar, y no en el buen sentido. No tenía un conocimiento ni teórico ni práctico de cómo manejar, y mucho menos un camión, por lo que los controles me parecieron sumamente confusos. Casi toda la jugabilidad consiste en hacer entregas del Punto A hasta el Punto B, y las primeras que hice salieron mal: solo digamos que, si alguien me contrataba, lo único que se aseguraba es que su camión y su mercancía terminaran destruidas.

Pero no me rendí. Había algo en particular sobre este juego que me llamaba. Algo que solamente descubrí en retrospectiva. Cuando me sentía frustrado, entraba en llamada con mi amigo, quien de verdad sabe manejar, y le pedía que me explicara ciertos términos, técnicas, funciones, y demás. Luego de varias sesiones en las que mi ignorancia sobre el tema lo dejaba anonadado, empezó a tener algo de paciencia y por ende comencé a aprender. Euro Truck Simulator 2 es tan realista como lo puede ser en cuanto a manejar camiones, por lo que el conocimiento real se transfiere fácilmente al mundo virtual. Pronto era capaz de hacer cambios, estacionar de forma precisa y tomar un giro sin ser una amenaza para todos a mi alrededor. Se sentía bien.

Cuantas más cosas aprendía, más entregas realizaba; de repente era bastante bueno en mi trabajo virtual. Tanto así que algunos días pensaba en él mientras realizaba mi trabajo real, y deseaba encontrarme detrás del volante de un camión. En este título hay un sistema de economía y ciertos elementos de RPG: empezamos como un simple conductor, sin nada de dinero ni vehículos propios. Lo que significa que, durante las primeras horas del juego, solo podemos manejar camiones ajenos para hacer entregas y no contamos con uno propio. Día tras día hacía trabajos sueltos para distintos empleadores, hasta que finalmente junté lo suficiente para comprarme un camión. Uno bueno.

El yo del pasado se hubiera burlado del Iván que ahora se encontraba yendo de concesionaria en concesionaria, buscando el modelo perfecto para adquirir. Llamé a un amigo y le mostré todas las opciones; fue ahí cuando comenzamos a mirar vidrieras. Fue una experiencia algo surrealista, de esas en que nos olvidamos de la cuarentena y se rompe la barrera entre lo real y lo virtual. Aprendí un montón sobre distintas marcas de camiones y sus particularidades, y hasta entramos en un par de discusiones. Un par de horas después, ya tenía el modelo perfecto. Pero ese no era el fin para nada, ya que me había descargado unos mods que me permitían personalizar el vehículo con todo tipo de opciones, accesorios, ajustes y demás. Por fin, tras pasar gran parte de una tarde decidiéndolo, tenía mi propio camión. Hace mucho no me sentía tan satisfecho al lograr algo en un videojuego.

El exterior era hermoso, pintado de un negro metálico tan imponente como elegante y con los espejos retrovisores y ruedas tales como yo las quería. No obstante, como pasamos la mayor parte del juego viendo a través de los ojos del conductor, el interior del camión fue a lo que más énfasis le puse. Gracias a todas las opciones de customización que tenía disponible, Euro Truck Simulator 2 se sentía aún más como un RPG. Ya no era un ente detrás de una cámara en primera persona, sino que era un trabajador duro, un hombre de la ruta acompañado por su gato gris durmiendo en el asiento de copiloto, unas botellas de cerveza tiradas en el piso, y un cigarrillo eternamente ardiendo en el cenicero. A esta altura ya no me sentía como yo mismo jugando un simulador de camiones; sentía que era este personaje sin nombre, que bien podría ser el protagonista de un western clásico, yendo de punta a punta de Europa acompañado solo por su mascota y sus escasas posesiones. Me sentía identificado con él al tener ciertas cosas en común, pero ya se había transformado en un personaje aparte.

Quizás quien lee se sorprenda por la cantidad de palabras que acabo de escribir sobre mi camión digital y por las horas que he pasado consiguiéndolo, adornándolo y admirándolo: siguen sin importarme los vehículos. Ahora mismo ni siquiera recuerdo el modelo de camión que me compré, y la idea de tener uno en la vida real no me interesa en lo más mínimo. Aún así seguía haciendo misiones, día tras día, hasta el punto en el que ya no me importaban el resto de los títulos que estaba jugando. En aquel momento no lo entendía, pero ahora me parece obvio. No sé si este era el objetivo del juego, si es por esto que atrapa a quienes lo juegan religiosamente, pero para mí dejó de ser un simulador de camiones y pasó a ser, como decía, un juego de rol.

Como tal, no era solo el acto de manejar en sí lo que me interesaba, aunque esto fuera el foco principal del juego y estuviera muy logrado, sino que era la adictiva sensación de ser aquel protagonista sin nombre mientras jugaba. Cuando abría Euro Truck Simulator 2 ya no era aquel joven aterrorizado por su primer trabajo, por su primer año viviendo solo, y por la forma en la que el mundo estaba cambiando. Era un conductor de camiones, yendo a los destinos que quería en el momento que quería. Sin preocupaciones, sin problemas reales, y sin nada que me ate al mundo. Solo ruta por delante y ruta por detrás.

Es justamente porque lo empecé a ver y experimentar como un juego de rol que se convirtió en algo tan significativo para mí. Los RPG son mi género favorito de videojuegos, y no por que nos dejen escapar de la realidad y habitar otra persona, otro ser. Sino porque lo que hacen debajo de aquella superficie es hacernos pensar en nuestra vida real. “¿Por qué quiero tanto esta vida?”, comencé a reflexionar. La respuesta obvia me llevaba a la pandemia: al estar preso dentro de cuatro paredes e incierto de lo que iba a suceder, empecé a desear una vida nómada en la que nada me detuviera de hacer lo que yo quisiera.

Sin embargo, creo que había algo más profundo en mi búsqueda y en mis decenas de horas pasadas tras el volante en mi monitor. Creo que este simulador de camiones me enseñó algo sobre mí mismo, algo que dudo que los desarrolladores hubieran imaginado cuando pasaron meses y meses creando las físicas perfectas de cada vehículo. Me hizo ver que lo que estaba haciendo era puro escapismo y que, si bien es algo positivo en cierta medida, no debe ser algo que busquemos permanentemente, día tras día. En cierta forma fue un pie, algo que me llevó a cambiar mi forma de pensar y de actuar en la vida. Ahora buscaría esa sensación de libertad y de logro, pero ya no en un videojuego, sino en mi vida.

Si suena cliché, es porque lo es. Y tampoco es que dejé los videojuegos por completo; siguen siendo mi forma de arte favorita. Pero lo crean o no, este juego, cuya demográfica es casi exclusivamente gente muy enamorada de los camiones, me dio a mí, un escéptico de todo lo que tiene que ver con vehículos, una revelación que ningún otro videojuego me ha dado.

Hace meses que no juego Euro Truck Simulator 2. Una vez que me di cuenta de lo que realmente estaba haciendo cuando manejaba de país a país, decidí que era mejor poner aquella energía en otras cosas. Pero aún resuena una frase en mi cabeza: en una de mis largas sesiones con el título, mi novia me miró y me dijo, con total sinceridad, “¿tan divertido es eso?”. No supe qué contestarle en ese momento, pero ahora creo que tengo la respuesta. Sí, lo fue; por las razones erróneas, pero lo fue.


Iván Castillo

Guionista y redactor especializado en videojuegos y tecnología. Amante de los RPG y de los juegos de estrategia.

@ivancon10a