Immortals Fenyx Rising, una aventura familiar

Los dioses han hablado, para bien y para mal

Germán Raffo

Tiempo de lectura: 6 minutos

Immortals Fenyx Rising resulta familiar. Lo es porque bebe de aguas harto exploradas en el mundo de los videojuegos. También porque hace poco y nada para intentar romper con la oxidada cadena de lo hereditario, a pesar de ser una propiedad intelectual nueva. Immortals Fenyx Rising es, en conclusión, una obra que se vale de referencias, inspiraciones y de un legado que no tiene problemas en exponer sobre sus hombros. Sin embargo, y muy lejos de quedarse sólo en eso, Ubisoft Quebec supo ensamblar las partes y lograr un resultado final al cual vale la pena dedicarle una buena cantidad de horas.

Es muy probable que, de no ser un lector muy avezado a rascar un poco más allá de la superficie de lo que se considera “mainstream” en esta industria, hayas visto poco o nada sobre Immortals Fenyx Rising. Sí esa afirmación es correcta, debo decirte que no es tu culpa, sino de Ubisoft. Es culpa de la compañía francesa por amontonar inentendiblemente tres de sus títulos más importantes de los últimos años en poco más de un mes: éste, Assassin’s Creed: Valhalla y Watch Dogs: Legion; y también por destinar—siendo esta una acción quizás más entendible—más recursos a la promoción de los dos últimos. ¿Son Valhalla y Legion juegos más vendibles? Puede ser, ya que son franquicias que se posicionaron con el pasar de los años. Pero no por eso el producto final (más allá de que no sean comparables) termina siendo más satisfactorio.

Resulta evidente que Immortals Fenyx Rising se siente familiar por todo lo que toma de The Legend of Zelda: Breath of the Wild y por todo lo que mantiene de otros juegos de la compañía como los últimos tres Assasin’s Creed. De hecho está parado en un punto medio, aunque el estilo cartoon, la sensación de libertad y algunas zonas y mecánicas puntuales hacen que la comparación siempre se incline más hacia el juego de Nintendo. Por el lado de Assassin’s Creed, recoge algunas mecánicas de exploración como los atalayas (zonas con una altura considerable que sirven para ir desbloqueando el mapa), un árbol de habilidades que dota al protagonista de variadas habilidades de combate y su estructura narrativa.

Sin embargo, lo que mejor hace esta última entrega de Ubisoft es lograr que la experiencia pueda ser interpretada como un gran producto que tiene peso propio por lo que es y no por lo que aparenta ser, o por la procedencia de su inspiración. ¿Por qué? Porque jugarlo es todo un placer. Recorrer la Isla Dorada y cada uno de sus rincones siempre tiene recompensa, ya que el mundo está dotado con una cantidad loable de actividades, las cuales no resultan para nada abrumadoras. De hecho, rara vez aparecen en el mapa, a menos que sea el jugador quien se tome el trabajo de usar una habilidad para descubrir puntos de interés y asignarles un marcador. El proceder más natural que encontré—y el más entretenido en consecuencia—es marcando sólo las misiones principales o secundarias y dejando el resto destinado al azar y entregado a que en mi camino se crucen puzzles, cofres, mazmorras, minijuegos y demases.

Otra de las cosas que hace tan interesante y atrapante a Immortals Fenyx Rising es cómo conviven las mecánicas que lo convierten en un RPG—uno sencillo—con las que lo definen como un juego de aventura y exploración. Principalmente porque las primeras están simplificadas de una manera excelente para que uno pueda enfocarse casi al 100 por ciento en la exploración sin perder, obviamente, la sensación de progresión. Por ejemplo, no es necesario mejorar cada arma que encontremos en el mundo, al contrario, lo que se perfecciona es la capacidad de nuestro protagonista para el uso de las mismas, afectando esta estadística a cada pieza de armamento de manera general. ¿Por qué esto es algo positivo? Porque las armas tienen estadísticas pasivas que las hacen más o menos convenientes según la situación que enfrentemos. Inevitablemente me encontré recorriendo gran parte del mapa en busca de equipamiento con variadas características y, posteriormente, intercambiando entre ellas sin preocuparme por las estadísticas de las mismas, sino en sus particularidades.

Una de las sorpresas más gratas que me llevé con Immortals Fenyx Rising fue a la hora de ir descubriendo capa a capa su sistema de combate. De arranque peca de ser bastante chato y repetitivo. Pero con el pasar de las horas, las distintas habilidades que se pueden desbloquear van introduciendo movimientos especiales y habilidades que hacen que los enfrentamientos obtengan un nuevo sentido. Haciendo que las peleas contra mini jefes o jefes pasen de ser repetitivas danzas de golpes a una frenética coreografía de ataques, movimientos especiales, parrys y esquives efectivos. No voy a negar que su lock-on a veces puede volverse loco y cambiar de objetivo o simplemente dejar de marcarlo, pero no es nada tan grave como para opacar una experiencia que no tiene nada que envidiarle al objeto de comparación principal.

Pasé largas horas recorriendo un mundo abierto fantástico, “poblado” con varios personajes memorables y, para ser muy sincero, otros no tanto. Es que—y espero que haya sido intencional—algunos dioses están representados de la peor manera posible, logrando que por momentos la narrativa se vuelva un tanto detestable. Por ejemplo, Zeus, el padre de los dioses, no es más que un reflejo de un ser humano promedio pedante, machista y con un sentido del humor digno de alguna recopilación de chistes de los años 90 de VideoMatch. Esto se evidencia de sobremanera ya que los sucesos del juego narran la historia de la semidiosa Fenyx, en una épica cruzada contra Tifón, vistos desde la perspectiva de Zeus y Prometeo, quienes a medida que se desarrolla el periplo mitológico van metiendo algunos bocados en off, acompañando lo que se ve con cierto contexto narrativos. Por momentos, este recurso se siente bastante desaprovechado al ser utilizado, casi siempre, como un mero medio para tratar de meter chistes que en la mayoría de las oportunidades no son para nada graciosos. Por ejemplo, en un pasaje de la aventura Zeus se burla del uso del lenguaje inclusivo y hasta de la expresión género no binario. Estimo que esos chistes están ahí con la intención de pintar al dios como un hombre retrógrado cuya hombría no le permite entender el avance de la sociedad, pero a veces pueden incomodar más de lo que aportan a la construcción de dicho personaje. 

Si hacemos una comparativa a pantalla dividida entre este título y The Legend of Zelda: Breath of the Wild, vamos a notar, casi al instante, por qué tanto se los compara. Y a quien diga que el producto de Ubisoft es una “copia barata” del de Nintendo, tendré que decirle que está muy equivocado. Aun sin haber jugado Breath of the Wild, pero siendo consciente de lo que significó para la industria y cómo éste se apoderó del paradigma de juegos de aventura y exploración de mundo abierto. Jugar Immortals Fenyx Rising se siente bien. ¿Qué quiero decir con esto? Que es la copia perfecta que queríamos que un compañero haga cuando le prestábamos nuestra tarea. Una reinterpretación de conceptos ejecutada a la perfección, la cual redefine al título de Nintendo como un género en sí y deja a Immortals Fenyx Rising como un erudito en la materia, que ha sabido beber de la magia de un título para hacerla propia de la manera más digna posible.


Germán Raffo

Periodista. Fundador de GitGud. Fanático de la obra y la mística de Hideo Kojima.

@germanraffo