Mass Effect, la saga tolkieniana menos pensada

Un análisis introspectivo en los temas de ambas sagas y sus paralelismos

por Eduardo Lamancusa

Tiempo de lectura: 13 minutos

Aclaración: se recomienda haber leído o visto la adaptación cinematográfica de la trilogía de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien, y haber jugado la saga de Mass Effect, de Bioware.

Un escritor famoso una vez dijo: “en todo artículo escrito de manera honesta en este mundo subyace un tema en su base”. Esta máxima probablemente guíe a muchas obras en el multimedio artístico moderno, no solo en la literatura, por lo que muchas veces lectores, espectadores y, cómo no, jugadores del mundo se ven siempre atraídos a obras cuyas esencias rectoras son uno o más temas recurrentes que las dirigen. Dos obras que se encuentran justo por este fenómeno, pero que parecen completamente disímiles una de otra, son la trilogía de videojuegos Mass Effect (concebida por Casey Hudson y Drew Karpyshyn) y la trilogía literaria de El Señor de los Anillos (traída a este mundo del puño y letra de J.R.R. Tolkien y adaptada por Peter Jackson al cine). La fe, la esperanza y la amistad son puntos centrales que subyacen en ambas obras, pero expresados en sus propios metalenguajes y enmarcados en sus propios medios. Debido a esto, ambas son obras con ejes temáticos comparables y de paralelismos palpables, hasta el punto de trascender de la épica, en una, y de la space opera, en la otra.

Mucho se ha escrito sobre la cercanía de Tolkien a la religión católica. De hecho, sus orígenes evangélicos y sus propios dichos acerca de que El Señor de los Anillos es una obra cristiana han hecho que muchos fanáticos modernos vean sus escritos bajo la lupa religiosa. Aunque dicho esto, su tratamiento sobre la fe, en particular, nos hace ver que el mismo trasciende los límites de la iconografía católica y la representación religiosa. Su sentimiento sobre la fe es más profundo, más sobre el creer y tener fe en el otro; la irreductible creencia que el bien o el mañana aparecerán:

“Esta sombra pasará, al final; incluso la obscuridad debe extinguirse”.

-Samwise Gamgee 1

Incluso la noción de fe en la cual todas las personas, sin importar lo fuerte o débiles que se perciban, pueden cambiar el curso de una calamidad también está presente, tal como lo deja entrever la famosa frase de la Dama Galadriel que fue plasmada en la gran pantalla 2. Por su parte, Mass Effect mantiene un vaivén con la personificación de la fe (el encuentro del mítico Ilos en el primer juego como si este fuese una meca, la misión suicida del segundo juego y su categorización de trascendental en la historia de logros de Shepard), pero es quizá en el tercer juego que vemos despuntar la personificación de la fe, ya sea obra del escenario tan apocalíptico o de la culminación del desarrollo de algunos personajes. Es allí cuando vemos a su protagonista, Shepard, sosteniendo la fe y la esperanza de muchos tanto con palabras como con acciones, al realizar lo que parece imposible a ojos de aquellas masas de individuos que ven a sus mundos caer (no por nada varios internautas desde la finalización de la saga le han asignado el rol de “pastor” en clara alusión a su nombre 3). Similar a Sam y Aragorn en la epopeya literaria, nuestro protagonista hace tanto de inspirador como de salvador cuasi mesiánico a lo largo de toda la tercera aventura. Sirve de inspiración tanto para sí mismo como para su escuadrón, su grupo de apóstoles con quienes pelea lado a lado, e incluso más allá. Sus intervenciones en entregas anteriores como la derrota de Soberano y el espectro Saren en una situación desesperante, su guerra de “casi un solo hombre” contra los Colectores en la segunda entrega que marca la importancia de la lealtad y la fe recompensada, son todas situaciones que elevan el estatus de leyenda a Shepard. Al igual que las acciones de Aragorn en parte inspiran una nueva era para la humanidad en la mítica de Tolkien, los eventos que suceden alrededor de Shepard no pasan desapercibidos para aquellos que le rodean:

“Le podés pagar a un soldado para que dispare un arma, le podés pagar para que cargue hacia el enemigo y capture una posición, pero no podés pagarle para que crea [en algo o en alguien]”.

-Almirante Hackett sobre las dudas de Shepard, Mass Effect 3.

Esta relación entre inspiración y mesías quizá no se vea mejor que en la figura de Legión y su relación con Shepard. La faceta de profeta del constructo sintético geth Legión y la paz (bajo el mejor resultado posible del arco de Rannoch en ME3) que lleva Shepard a la raza geth y los quarianos nos enseña un acercamiento a lo religioso en la obra de Bioware. El representante de toda una raza (los geth), el cual “despierta” (en un sentido metafórico y literal, ya que el jugador puede elegir reactivar al robot Legión) gracias a la decisión y acción de un “agente externo” (el protagonista Shepard y la inteligencia artificial EDI). Además, mediante el diálogo continuo con el protagonista (algo que se podría ver como “enseñanzas” gracias a las intervenciones de Shepard en el segundo juego) logra comprender la verdad y la importancia de la vida inteligente 4, al igual que tanto inteligencias orgánicas como robóticas pueden convivir en paz; todos elementos que le dan un protagonismo importantísimo a Legión y que lo constituyen como un personaje a lo Moisés o un apóstol que escucha las enseñanzas de su mesías (Shepard) y logra la resolución más idílica al conflicto geth-quariano 5. Dicho sea de paso, este “conflicto” es una guerra que se libró por 300 años y que solo encontró su fin gracias a la intervención del protagonista, su influencia en personajes claves como el propio Legión y Tali y su urgencia por resolver la amenaza principal del Mass Effect 3 (una amenaza común a todas las especies de la galaxia).

La fe, sin lugar a dudas, es un increíble motor para la motivación de los personajes en ambas sagas; la fe en el otro, la fe en que se puede tener éxito incluso frente a altísimas posibilidades de fracaso es un aglutinante que nos permite relacionarnos y crear un vínculo con estos seres ficticios. Sin embargo, no es el único nexo y hay otro sentimiento que suele estar acompañado en relación muy cercana con la fe.

La esperanza es quizá una de las grandes cuestiones de la historia. La justificación para que se concreten grandes epopeyas y la razón por la que incontables narraciones traten de aquellos pocos que se enfrentan a la inmensidad (ya sea representada en una amenaza material o simbólica) con la esperanza de que el mundo que imaginan es posible, que el destino que se les impone no está escrito. La esperanza se convierte así en la principal fuente de inspiración para que lo mejor del ser humano surja y marque la historia. Ninguna de las dos ficciones es ajena a este fenómeno; la esperanza se ve encarnada no solo en acciones, sino en personajes enteros. En el caso de la obra de Tolkien, Gandalf es quizá su principal instigador: interviene donde las personas más necesitan apoyo, siempre con una actitud que enciende los corazones de aquellos que lo acompañan—no por nada porta el anillo Narya durante toda la trilogía y antes—, y siempre representa en hechos concretos la confianza de haber depositado la fe en él. Este es el caso de la defensa de Minas Tirith en El Retorno del Rey, en donde su voz, su gallardía y su aliento “encendió” muchos corazones de esperanza ante una defensa que parecía inútil. Dicho esto, la fe que Gandalf tiene en las gentes de la Tierra Media también crea una relación recíproca en otros personajes: la fortaleza de Aragorn para llevar a cabo su destino y convertir los designios de sus antepasados—y otras fuerzas—en realidad 6, la voluntad de Frodo, Sam y los otros Hobbits de concretar la misión o ayudar al resto de los Pueblos Libres en la pelea contra la sombra, incluso a gran escala con el pueblo de Rohan que socorre al de Gondor en su momento de necesidad; la esperanza termina siendo esa luz que brinca de farol en farol para iluminar los momentos más sombríos dentro de la trilogía de Tolkien:

“– ¿Y a qué nos aferramos nosotros, Sam?

–En que todavía existe bondad en el mundo, Sr. Frodo, y vale la pena pelear por ella”.

–Samwise Gamgee a Frodo Bolsón, ESDLA: Las Dos Torres.

Mass Effect, por su parte y durante toda la trilogía, tiene a la esperanza como provocador principal de las hazañas de Shepard y su tripulación. Como figura de líder y pastor, cada logro termina recompensando la fe que se le deposita al Comandante y cada esperanza puesta sobre los hombros de todos aquellos en la Normandía: la defensa de la Ciudadela ante Soberano—el heraldo de los Segadores—, la misión suicida a través de riel de masa Omega 4, la desesperada batalla final en la Tierra; todas son empresas que se afrontan con la esperanza de que no solo la victoria y la supervivencia sean la recompensa, sino que todas las decisiones y sacrificios hasta esos puntos hayan valido la pena. Decisiones como la paz en Rannoch, la cura de los Krogan o el salvar o destruir la nave en donde se encontraba el concilio en Mass Effect 1, todas parecen elevar—similar a lo que sucede con Gandalf en Tolkien—al estatus de heraldo de la esperanza a Shepard:

“–¿Qué vas a hacer ahora?

–Propagar la esperanza que nos ha dado, Comandante, […] me aseguraré de que no se desperdicie este don. Gracias por todo lo que nos brindó”.

–Urdnot Bakara al Comandante Shepard. Mass Effect 3.

La fe y la esperanza terminan no solo aglutinándose en un sentimiento compartido, sino que también sedimentan algo que no se quiebra en ninguna de las dos obras. Un vínculo que no se puede robar o romper y que permanece constante—aunque variable—durante el transcurso de ambas sagas.

La amistad, y los vínculos que se forman en las travesías, es probablemente el eje primordial en ambas historias. Los integrantes de la Comunidad del Anillo y la Tripulación de la Normandía comparten la característica común de que no importa la travesía o lo lejano que se encuentren sus miembros e incluso la misión que tengan, la relación de unos sobre otros trasciende la distancia y convierte en imperecederos esos lazos de amistad que unen a sus respectivos miembros. Por un lado, la Comunidad se une circunstancialmente, ya que debe concretar la misión de destruir el Anillo de Poder. Sin embargo, en el año que transcurre hasta que sucede aquello, la conexión que se forma entre sus miembros perdura en la distancia, incluso en la muerte, aun cuando parte de sus miembros viajan a Valinor mientras que otros deben cumplir su deber y quedarse en la Tierra Media hacia el final. Tales ejemplos son los casos de Gimli y Legolas, cuya relación comienza en enemistad y culmina en una acérrima amistad y camaradería debido a las aventuras y desventuras que comparten con Aragorn. También es el caso de Merry y Pippin, quienes como recompensa a su lealtad a los reinos de Rohan y Gondor se los entierra junto a su rey y amigo, Aragorn. Por el otro, tenemos una situación bastante similar en donde el escuadrón y el equipo de Shepard en Mass Effect—que varía y muta con el pasar de los juegos—mantienen una relación de unión en amistad (o amor) que coloca a la Normandía, tal USS Enterprise, en un nexo de afinidad entre sus integrantes y el protagonista. Si bien en la trilogía de El Señor de los Anillos esto queda plasmado en el contexto de la historia y cómo se desarrolla, en Mass Effect se nos deja en claro la importancia de estos vínculos para la narrativa: nuestras chances de entablar relaciones de amistad o de amor con la tripulación y nuestro escuadrón, los diálogos al final de cada entrega, la despedida final del tercer juego que nos permite hablar con todos aquellos que formaron parte alguna vez de la tripulación de la Normandía; todas piezas que se alinean y dejan en claro cuán importantes son las relaciones en esta franquicia:

“Esta guerra nos trajo dolor, sufrimiento, muerte, pero también nos acercó como camaradas en armas, aliados…. Amigos. Esta unión que nos hermana es algo que los Segadores nunca comprenderán. Es más letal que cualquier arma, más poderosa que cualquier nave, no es algo que se pueda capturar o destruir”.

–Comandante Shepard a su escuadrón. Última misión del Mass Effect 3.

Para Tolkien y para las cabezas creativas de Bioware es claro que la amistad, como cualquier otra respuesta a la agresión, el odio o la destrucción, es algo esencial en la experiencia humana. Se termina convirtiendo en el arma superior ante aquello que nos trae soledad, desidia y abandono; el recurso narrativo más natural y más simple de representar en cualquier medio.

Hay temas que rompen con el molde del medio en que fueron plasmados, que viajan más allá del tiempo en que se concibieron y nos hablan como ecos desde la eternidad, aún después de muertos. Como personajes en una historia, saltan de puerta en puerta, según Bilbo, y se mueven de narración en narración. Las pruebas fehacientes de esto son las similitudes que podemos encontrar en obras tan disímiles y lejanas una de la otra: una obra culmine del siglo XX, una nueva mitología inglesa, que encuentra puntos en común tan fuertes con una expresión moderna del siglo XXI tan cercana al entretenimiento, pero que le dialoga bajo los mismos términos. La fe, la esperanza y la amistad, temas que no suelen ser retratados en piezas artísticas provenientes de los videojuegos de la forma en que Mass Effect lo hace, encuentran una mezcla con el agregado épico, cyberpunk y la ciencia ficción de ópera más relacionada a obras como Star Trek o Blade Runner. Una obra del medio del videojuego que se convierte en la saga tolkieniana menos pensada.

1. Frase original de la adaptación fílmica de Las Dos Torres. Texto fuente: Libro Cuarto, Las escaleras de Cirith Ungol, ESDLA: Las Dos Torres.
2. Frase original de la adaptación fílmica de La Comunidad del Anillo: “Incluso la gente más pequeña puede alterar el curso del mundo”. Texto fuente: Libro Segundo, El concilio de Elrond, ESDLA: La Comunidad del Anillo.
3. Shepherd es la palabra inglesa para “pastor”; una aparente alusión bíblica a la figura de la mitología judeocristiana que se le asignaba a “Dios” o al hijo de este. Sin embargo, y acorde a Bioware, la raíz del nombre proviene del astronauta Alan Shepard.
4. Léase inteligencias individuales artificiales contra el concepto de inteligencias plurales o Gestalt.
5. Tanto es así que es requisito fundamental, según las referencias del propio Bioware, que el personaje Legión haya sobrevivido a la Misión Suicida al final de Mass Effect 2, se haya logrado realizar su misión de lealtad y se haya intervenido (como Shepard) en la discusión que se menciona en el texto con el personaje de Tali. Solo de esta forma se podrá obtener la mejor resolución en el conflicto geth-quariano.
6. Como la de convertirse en rey del Reino Unificado de Gondor y Arnor, o resistirse al Daño de Isildur.

Eduardo Lamancusa

Colaborador foráneo de la agencia de simulacros, translator by trade, aficionado de las PC Gamer Builds y videojugador por pasión.

@EduLaman