Una vida como discapacitado y jugador

Siempre acompañado por los videojuegos

por Lucas Sandoval

Tiempo de lectura: 7 minutos

Todo comenzó en un apático fin de milenio, cuando Lucas daba sus primeros pasos como cualquier bebé que comienza su andar. Pero algo andaba mal. Sus padres notaron que no lo hacía como cualquier infante, sino que utilizaba una de sus piernas en punta de pie, ya que no llegaba a apoyarlo bien. ¿Qué sucedía con él? Le consultaron a un doctor, pero este les dio un diagnóstico erróneo. Los padres no conformes porque dentro de ellos algo “no cerraba”, continuaron buscando una solución con otros doctores, aunque se repitió la situación varias veces. Hasta que llegaron al hospital que él considera como el mejor del mundo, el Hospital «Prof. Dr. Juan P. Garrahan».

Fue ahí cuando su largo tratamiento pudo comenzar, respaldado por doctores y doctoras que hoy son jefes de sus respectivas áreas. Poco recuerda ya de esas épocas, más que nada porque su memoria rapaz pareciera intentar salvaguardarlo de esos desapacibles momentos. Pero mientras profundiza mirando su historia clínica, recuerda que antes de las cirugías hubieron «intervenciones» no tan invasivas. Una especie de férula para que su rodilla no se incline y tratar de mantener la pierna lo más recta posible para evitar el problema de pisar; mientras tanto iba al jardín, donde sus pares, claramente muy curiosos, le preguntaban qué le pasó: «tengo encondromatosis múltiple» decía. A lo que usualmente, le volvían a preguntar qué era eso: «es cuando algunos de tus huesos no crecen bien». Finiquitado el tema, era hora de jugar.

Él supone que, como todo chico, no terminaba de entender bien qué era lo que le estaba pasando y, por suerte, cómo lo trataban como uno más, no se sentía mal al respecto. A la mañana jugaba en el jardín, y por la tarde en lo que cree recordar como una Master System o una Mega Drive 2 prestada. También habían juguetes físicos, pero… imposible que compitieran contra una SEGA. Luego de un tiempo, esa difuminada consola terminaría por desaparecer, hasta que llegó su verdadera primera consola (o la primera que él recuerda): una SEGA Genesis 3 original, de esas que hacían lo que Nintendon’t. Este es un punto clave en su historia, porque si bien ya habían pasado consolas por sus manitos, esta consola lo ayudó a superar momentos horribles, por años.

La primera «intervención» quirúrgica fue una osteotomía (un corte en el hueso para corregir la articulación de la tibia derecha) a los cuatro años de edad. Una pausa de varios meses a la vida “normal” de jardín, juegos y pares. Sin hermanos con los que jugar y un yeso en la pierna que le reducía la movilidad, le daban pocas alternativas para despejarse, solo quedaban los videojuegos. Uno de los juegos que más recuerda es el icónico Sonic 2, donde gastó incontables horas a través de los años y, sorprendentemente, todavía no terminó; otro que recuerda con mucho amor es Mortal Kombat II, el cual considera como la mejor entrega de la fatality (aunque también estima mucho a la onceava entrega por sus similitudes). Más allá de funcionar a modo de distracción o como método de escape, estos videojuegos eran  entretenimiento in situ y, para un niño que tiene la movilidad reducida, eran prácticamente la única actividad que podía hacer.

Fue una vida realmente solitaria la que tuvo, si bien su familia siempre lo acompañó y estuvo a su lado en los momentos importantes. Creciendo en una época donde los teléfonos no servían para mucho, tener internet era un lujo y para colmo estaba enseyado, la única compañía terminaba siendo la televisión con sus variables (y el adulto de turno que «te cuidaba»). Así es como el tiempo pasó, las semanas se convirtieron en meses y había que remover los artilugios que le causarán una especie de dolor fantasma hasta el día de la fecha.

Las cirugías, los controles, la rehabilitación y la soledad de las intervenciones de la escuela continuaron, pero también seguían firmes los videojuegos. Ahora un poco más grande, pudo agregar una variante: un puñado de amigos. Ya sean de la escuela, del barrio o de toda la vida, fueron las personas que en mayor o menor medida lo acompañaron en estos difíciles momentos, siempre con un joystick de por medio. Particularmente recuerda con cariño una vieja costumbre, que ya no se hace más: alquilar una PlayStation 1 para el cumpleaños. No recuerda en qué año con exactitud, pero cree que fue en tercer grado de la primaria, donde tuvo una de sus operaciones más largas y su padre organizó una “fiesta”. Un cumpleaños con sus amigos cercanos, una PSOne, Marvel vs Capcom, Mortal Kombat 4 y poco más concluyó en jugar decenas de horas con sus pares y su padre, en una vieja televisión de rayos catódicos.

Los años pasaron y la niñez se desvaneció. Llegó la dura adolescencia que le dejó un crudo golpe de realidad: nada era como él pensaba. Parecerá una tontera el pasar de sexto a primero, pero para él no lo fue. Se empezó a llevar materias, cada vez se sentía más alejado de sus compañeros y se terminó de dar cuenta de algo que se empezó a gestar desde esa gran cirugía de tercer grado: nunca fue uno más. Dicho año concluyó rindiendo las materias pendientes. El año lectivo comenzó normalmente y finalizó con un catastrófico “día del amigo”, el cual terminó de cerrar los lazos con las personas que conocía hacía más de 6 años. Al poco tiempo tuvo otra cirugía que le cortó el año y le permitió recular hacia una nueva dirección: la escuela técnica.

Allí es donde finalmente pudo ser uno más. No era secretamente excluido, sino que conoció la verdadera camaradería que caracteriza a ese tipo de educación. Dentro de esas personas conoció a su máximo rival, con quien compartió todo, especialmente excesivas tardes de fernet y Mortal Kombat 9 previas a los turnos nocturnos de “la técnica”. No siempre se encuentra a alguien que sea igual de hábil que uno mismo, pero ellos tenían algo especial: la misma habilidad en todos los juegos. Esto les creaba una rivalidad al nivel de un “superclásico” y por años fueron como “uña y mugre”. Aunque, lastimosamente, ya no está entre nosotros, Lucas siempre lo recordará con cariño.

A pesar de todo, pudo conservar hasta este día varias de esas amistades, por más de que ellos ya no jueguen. Cada persona transitó caminos diversos. Algunos se volvieron músicos, otros programadores, pero ya no son jugadores en el día a día. Lo mismo sucedió con sus parejas, las cuales casi nunca habían tocado un control en su vida, y aún así lo acompañaron durante el trayecto que compartieron. Contrario al resto de sus conocidos, Lucas continuó por ese camino, formándose como técnico, actualmente como comunicador y creciendo en el ámbito videojueguil como periodista independiente; intentando aportar su grano de arena, fomentando una comunidad menos tóxica.

Podrá ser cliché, pero para Lucas los videojuegos son una forma de conectar con las personas. Haciendo una pequeña analogía, sería como el mate y las personas: el compartir, enseñar o segundear en un momento particular de nuestra vida. Donde no importa quién seas, qué tengas o cómo seas; para él, cualquiera puede sumarse a jugar. Por eso mismo, Lucas cree firmemente que los controles alternativos son necesarios, porque si bien él tiene problemas motrices y no cuenta con manos “normales”, nunca fueron tan agravadas como para no poder jugar con un control convencional o su variante para computadoras. Sin embargo, sí hay gente que los necesita, y es una gran oportunidad para que esas personas encuentren alternativas para conectarse con sus pares.

Así como lo es el cine, la música, los coches y demás, para él los videojuegos también son una pasión que puede y debe ser inclusiva. Podrás no ser un esporter, un desarrollador, o siquiera alguien medianamente bueno en ellos. Eso no es lo que realmente importa, jugar es la excusa para que seamos mejores con todo el mundo.

«Me gustaría dedicar un último párrafo a todas esas personas que, por un momento, me hicieron olvidar qué tengo. Ya sea dentro de un videojuego, o fuera del mismo… gracias.»


Lucas Sandoval

El hombre orquesta detrás de BERAZATEGAMES. Fundamentalista de Mortal Kombat, Patricio Rey y del Aire Acondicionado.

@GilpsterOk