Los pelotazos de mi vida, Knockout City y cómo entendí a los juegos de deporte

Lo nuevo de Velan Studios nos trae una experiencia multijugador diferente, repleta de adrenalina y buenos recuerdos

Raissa Jerez

Tiempo de lectura: 9 minutos

Estoy segura de que todos los “gamers” tenemos por lo menos un género que no termina de cerrarnos o con el que nos ponemos más selectivos. Por ahí es difícil agarrarle la mano a la velocidad de un battle royale, entender el sistema de un plataformero o trazar planes velozmente en un título de estrategia. Para mí siempre se trató de los videojuegos deportivos. 

Desde el primer encuentro, lo que me atrajo del universo de los píxeles fue precisamente la oportunidad de poder hacer algo “imposible” en la vida real. Transportarme por medio de tuberías, rescatar princesas, capturar bichos en pequeñas esferas y matar dragones con mi espada me parecía mucho más atractivo que simular un deporte. Algo que tranquilamente podía hacer con amigues en el parque frente a casa o como una actividad extracurricular. 

Esta opinión—bastante cerrada—se dio gracias a que desde que nací estuve ligada al mundo de los deportes. Al inicio no tanto por voluntad propia, sino porque mi papá es instructor de tenis y mi mamá fue toda la vida jugadora de volley, ciclista y runner empedernida. Mi hermana y yo preferíamos gastar nuestras tardes viendo novelas mexicanas o argentinas. Sí, consumíamos mucho Cris Morena y me arrepiento de todo. Pero eventualmente—por suerte—se me activó el gen deportivo saliendo de la infancia.

Ojo, no crean que le puse una cruz a este género sin intentarlo. Con los años probé muchos títulos emblemáticos como WWE, NBA, NFL e incluso MLB. Pero ni siquiera la versión nintendera del golf me pudo enamorar. Los únicos que—extrañamente— consiguieron acercarse a mi corazón fueron Tony Hawk’s Pro Skater 2, y por supuesto, uno de los juegos más populares del mundo entero, el FIFA. Cuando pensaba que ya había pasado por todas las variantes deportivas disponibles y que solo me quedaría con esos dos, llegó Knockout City. La particularidad de este es que me tocó en mi punto más débil.

Con Tony Hawk enganché rápido porque justo llegó a mis manos cuando—fallidamente—estaba intentando aprender a montar skate. Después de varias caídas encontré consuelo y seguridad en jugarlo en mi Nintendo 64. Con el FIFA fue un poco más profundo. El fútbol siempre fue mi deporte por excelencia. Amaba jugarlo y sorprendentemente se me daba muy bien, hasta el punto de ser convocada para la selección nacional de Perú. Debido al poco apoyo de mi familia—mi mamá decía que no era una actividad para “mujeres”—y a la falta de inversión en los escasos clubes profesionales, colgué los tapones. Puse mi atención en la universidad y seguí avanzando. Pero con Knockout City hice un viaje en el tiempo directo hasta los 90 (la era dorada de mis recuerdos) y quedé fascinada.

Debo admitir que no sabía absolutamente nada sobre la existencia de este título, hasta que llegó la key. Cuando vi que se trataba de un juego de dodgeball o “quemados”, sonreí de oreja a oreja y conecté de inmediato. En segundos pasaron frente a mis ojos miles de momentos de mi infancia, mis años en primaria, mis amigos—en sus versiones miniatura—y los mejores recreos de mi vida con el balón siempre en mano.

A esta actividad en Perú se le conoce como “matagente”—nada violento—y siempre fue el juego por excelencia entre los más chicos. Lo normal para la época era que las niñas estuvieran saltando la soga mientras que los niños se centraban en los deportes como el fútbol o el básquet. El “matagente”, junto al policías y ladrones (a.k.a. “poliladron”), las chapadas (también conocidas como “encantados”) o las escondidas eran parte de ese pequeño repertorio que podía ser mixto. Nos ponía a todes en igualdad de condiciones físicas y apelaba al interés general y a la competencia “sana”. 

A diferencia de mi pobre desempeño en las partidas de Knockout City, en mi equipo de la vida real siempre fui de las que mejor “mataba” ya que genéticamente tengo brazos fuertes. Gracias nuevamente ADN. Pero siempre sentí un poco de pena al ver a los más delgados y pequeños corriendo por sus vidas dentro del círculo de la muerte con pavor. Por suerte, en la virtualidad que nos ofrece Velan Studios podemos reventar de pelotazos a cualquiera sin remordimiento. Incluso contamos con un abanico de habilidades que claramente ninguno de nosotros tenía (y jamás tendrá) en un encuentro de quemados. No sólo se puede saltar, tirar o robar el balón —las acciones básicas del deporte—sino que para nuestro avatar es posible hacer doble salto, planear con un paraglider para desplazarse más rápido e incluso hacerse bolita para que un compañero nos lance al enemigo.

Todas estas nuevas mecánicas—y otras—se explican en el pulido tutorial que ofrece este título. En los últimos años estas secciones de enseñanza se han vuelto una parte integral de las primeras horas de diversos videojuegos y se presentan como algo más intuitivo. En este caso es todo lo contrario. Knockout City vuelve a lo más elemental y te da un paso a paso sistemático y detallado de las reglas y los comandos que necesitarás para estar a la altura de los enfrentamientos. Un gran punto a su favor es que en cada uno de los tutoriales se te permite practicar las veces que sientas necesario antes de pasar al siguiente. Así llegamos a las partidas online más curtidos y con los controles aceitados. 

Las batallas son de 3 versus 3 y cada integrante cuenta con dos vidas. Al ser golpeados y perderlas, hacemos un respawn inmediato en nuestro lado de la cancha para volver al ruedo. Mientras tanto, el equipo contrario suma un punto. El primero en llegar a diez se lleva la ronda y, finalmente, quien gane dos de tres de estas saldrá victorioso. 

Algo que realmente disfruté mucho es que al ser el dodgeball un deporte que se juega con las manos, las mecánicas implementadas se asemejan mucho a las de los shooters, por lo que apuntar el balón y lanzarlo es algo casi intuitivo. Ahora, si bien el concepto es sencillo de entender, necesitamos contar sí o sí con buenos reflejos, mucha precisión y habilidad para estar a la altura, ya que una vez iniciada la partida, todo sucede a extrema velocidad.

Para elevar un poco la fórmula disponemos de balones estilo bomba (genera un estallido amplio en donde se lanza), antigravedad (permite dar saltos más largos a quien la sostiene), tipo jaula (encierra al jugador a quien se lo lanzas) y algunos más. Claramente en mi época—dijo la señora—sólo existía el balón que el profesor de educación física quisiera prestarnos en el momento. En un día de suerte nos tocaba el inofensivo balón de volley y si andábamos con mala leche nos tocaba el peligroso—y doloroso—balón de básquet. Ahí sí, a correr por sus vidas.

Más allá de los balones, los escenarios juegan un papel importante, ya sea para bien o para mal. Para bien porque hay algunos espacios que cuentan con elementos que podemos utilizar a nuestro favor, como trenes y autos que podemos aprovechar estratégicamente para que atropellen a nuestros enemigos. Para mal porque la mayoría de estos niveles están situados en techos de edificios interconectados, por lo que un paso en falso podría llevarnos a caer al vacío y morir al instante.

Como para que no nos agotemos rápido de lo poco que hay detrás de Knockout City, contamos con la progresión de niveles (por puntos de experiencia) y el sistema de recompensas. Si bien esto nos invita a jugar sin parar una y otra vez para luego gastarnos todo en los ítems de la tienda, lo “jugoso” está en los accesorios exclusivos. Pero a ellos sólo podemos acceder con el dinero ganado en “contratos” (misiones y retos específicos). No son difíciles, aunque sí se necesita práctica y precisión. 

Dentro de un contexto en donde los títulos multijugador online sobran, esta adaptación—la cual está muy bien desarrollada—busca hacerse un espacio entre los grandes y tiene muchas herramientas para hacerlo. Sin embargo, tiene una gran falencia que hace que todo lo anteriormente detallado se tambalee. En Knockout City es de vital importancia coordinar jugadas y el no hacerlo repercute fuertemente en el desempeño y por ende, en el resultado final de los encuentros.

Los escenarios son grandes para abarcar a tan solo seis jugadores en total, por lo que es necesario comunicarse con los compañeros y avisar en qué parte del mapa se está dando la “batalla”, o incluso para pedir ayuda en caso de verse acorralado por los contrincantes (algo que me sucedió más veces de las que puedo contar). Asimismo, hay ataques—como el de convertirse en el balón—que necesitan de una estrategia inmediata entre dos jugadores. Es por eso que el título pone tanto énfasis en la generación de comunidad.

El problema es que para quienes son más tímidos y no disfrutan de tener el chat de voz abierto a desconocidos—como yo—nos juega un poco en contra que haya que pagar 20 dólares por el título, ya que disminuye exponencialmente las posibilidades de jugar con amigues. Si bien tengo un poco de ansiedad social, mi razón detrás de no querer interactuar con desconocidos viene por—oh sorpresa—experiencias de acoso y hostigamiento que viví hace años gracias a seres despreciables e inadaptados en el FIFA. Desde ese entonces y para conservar mi paz mental, decidí jugar siempre con el micrófono apagado y sin auriculares. 

Seamos honestos, siempre va a ser más divertido y cómodo jugar con conocidos para putear, reír y generar anécdotas libremente. Pero hasta ahora no conozco a nadie dispuesto a pagar ese precio para hacerlo. Desgraciadamente la versión gratuita de Knockout City solo permite llegar hasta el nivel 25 y a pesar de que está disponible en Game Pass, ninguno de mis compañeros de aventuras virtuales tiene Xbox. Mala suerte la mía.

Si bien inicialmente caí en el vicio de Knockout City y pasé muchas madrugadas prometiendo en falso “una partida más y a mimir”, pasadas tan solo dos semanas dejé de conectarme. Al no tener con quién interactuar, la repetición de los enfrentamientos se vuelve aburrida e impersonal. Es difícil coordinar ataques y termino perdiendo frente al equipo contrario mucho más de lo que debería. Al jugar mi última partida recordé aquella emoción inicial que me generó revivir mis días en el patio del colegio y me di cuenta lo distante que había quedado ese sentimiento. Por ahora he optado por colgar el paraglider y dejar descansar el balón. Eso sí, espero que no pasen otros 20 años antes de volver a un juego de “matagente”.


Raissa Jerez

Comunicadora audiovisual. Maestra Pokémon. Formada por Nintendo, con especialidad en PlayStation y mención honorífica en Xbox. De vez en cuando me creo youtuber en 'Rai Reviews' y colaboro con PressOver. Me gusta recomendar cosas aunque no me hayan preguntado.

@ReviewsRai