Un ActRaiser moderno pero endeble por su falta de profundidad
Si en mi primera nota te comentaba qué fichines comprar, en el día de la fecha voy a realizar lo opuesto. Me encantaría estar por contarte acerca de la riqueza de un relato sobre las complejas relaciones entre dioses y cómo estos son temidos y venerados desde la perspectiva rutinaria de simples seres humanos. O cómo la reinvención de un notable título de casi tres décadas de edad se vuelve un clásico moderno, gracias a tener en cuenta todo lo aprendido y fracasado por cientos de títulos del género. O simplemente comentarte acerca de una fórmula efectiva que entretiene sin problemas. Ninguna de las anteriores es el caso.
El trabajo de ACE Team es una re-imaginación de aquel título de SNES, ActRaiser. SolSeraph nos pone al mando de Helios, la deidad del sol. Luego de haber sobrevivido a la sesión de masajes de cierto pelado enojado, Helios responderá a los rezos de los distintos habitantes de las islas presentes en esta Tierra. A cada uno le sucederá más o menos la misma situación: un “dios menor” se rebela y empieza a asediar la población. Seremos encargados de, por un lado, crear estructuras para defender a los aldeanos de las hordas de enemigos que atacarán cada cierta frecuencia de tiempo, y por otro lado, de ir limpiando las zonas corruptas de donde emergen hasta poder atacar el núcleo mayor, donde se encuentra el Jefe de esa zona.

Lo primero lo realizaremos en una suerte de híbrido de Tower Defense y RTS clásico. Usando a Helios como un ave, contaremos con ciertos recursos básicos, como madera, comida e individuos, para ir construyendo defensas como torres de arqueros, edificios para ataques mágicos o simples puestos de guerreros. Digo “suerte de híbrido”, porque si bien nuestra acción defensiva consiste en poner estructuras alrededor de caminos ya delimitados por los cuales vendrán las criaturas enemigas, para obtener los recursos antes mencionados hace falta recolectarlos. Dicha acción se realiza creando puestos cerca de árboles para obtener madera, o construyendo criaderos de ganado/cosechas para el alimento que necesitaremos si queremos seguir desplegando más unidades humanas. Entre cada ataque de hordas, nuestros aldeanos conversarán mediante cuadros de diálogos, generando a veces situaciones de lo más simpáticas y chistes efectivos que sacarán alguna sonrisa.
La cuestión de la “limpieza de núcleos” se lleva a cabo en escenarios 2D, en los cuales controlaremos a Helios en su manifestación humana. Saldrán enemigos de todos los rincones, quienes caerán ante unos pocos espadazos o contra algunas habilidades especiales, como un arco y flecha, una llamarada de fuego o hacer caer rayos del cielo. Aparte de carne fresca, los niveles cuentan con secciones de plataformas para estar a puro salto y caídas, preguntándonos por qué Helios tiene alas si no las piensa usar.

Puedo resumir todas las problemáticas en lo jugable en dos cuestiones centrales: limitaciones y dificultad. Con respecto al primer punto, SolSeraph se siente un título “sencillo” con casi nula profundidad en cualquiera de sus dos modalidades de juego. La sensación híbrida entre RTS y Tower Defense le termina jugando en contra. El hacer imposible que los enemigos nos derriben las estructuras y el limitar el trayecto de éstos por un camino siempre visible, da por resultado que apilemos construcciones una al lado de la otra sin ningún tipo de penalización o posible peligro. Más allá de que cada zona tenga su particularidad, como que se inunde cada cierto tiempo, la imposibilidad de cosechar por tierras infértiles o la presencia reducida del jefe que dará problemas, ninguna termina de agregar la capa de profundidad o desafío que necesita esta modalidad de juego. Casi que podremos repetir las estructuras y el orden en el cual las ponemos (siempre y cuando el mapa y el camino lo permitan) y ganar siempre de la misma forma.
En las secciones a pie, se nota el esfuerzo por recrear aquella vieja experiencia del título original. Sin embargo, parece que esa no era una gran idea después de todo. Las razones radican en presentar un control que se siente por demás anticuado e impreciso (en un título cuya dificultad inicial nos exige mucho de nuestra parte), y la existencia de una dificultad artificial que arruina la experiencia. Es que saltaremos hasta plataformas que son las únicas posibles para seguir y nos aparecerán enemigos de la nada, robando sí o sí un punto de vida, o flechas que volarán desde enemigos que no aparecen en pantalla y ya hemos dejado atrás o veremos más adelante.

Lo peor de todo es que una vez que nos acostumbremos al “desafío” que propone el título en sus primeros niveles, probablemente ya sea tarde: al ir derrotando jefes y completando escenarios, obtendremos poderes y mejoras de vida y maná. Dichas mejoras parecen un chiste, como en el caso de la salud, porque a la larga terminan eliminando la dificultad excedida en un principio y volviéndola inexistente, al punto de poder ir corriendo de un lado a otro de la pantalla obviando enemigos y recibiendo ataques sin llegar a perder. Además, es lamentable que un Jefe inicial puede llevar muchos intentos y luego el resto se elimine al primer intento, incluso los finales.
Con la dificultad de la modalidad de construcción pasa algo similar, ya que luego de entender las breves mecánicas y terminar una isla, nunca más volveremos a sentir desafío (sin mencionar la existencia de ciertos tipos de construcciones que nunca utilizaremos ya que se sienten completamente innecesarias). Ni hablar de la posibilidad de usar poderes especiales de Helios, como tirar rayos o invocar un ángel que nos dará una más que remarcable mano y suprimirá toda posibilidad de Game Over.
Todo podría ser perdonado si SolSeraph resultase muy entretenido y diera ganas de jugarlo. Por más que pueda resultar divertido por momentos, sumado al interesante apartado visual (lejos lo más rescatable del título) y a la agradable música, los errores de diseño terminan generando más frustraciones de alegría. Y si a ésto le sumamos violentas caídas de frames cuando hay muchos enemigos en pantalla, en cualquiera de los dos modos, se complica mucho la recomendación de este fichín.
por Axel Bosso