Call of Duty: Black Ops Cold War, un trabajo en progreso

Activision nos lleva por la Guerra Fría en una campaña corta y con pocas novedades para ofrecer

Raissa Jerez

Tiempo de lectura: 9 minutos

Mi historia con los títulos de Call of Duty acaba de cumplir diez años. Todos saben que mi casa siempre fue un refugio para nintenderos, así que jugar algo de PlayStation o de Xbox era considerado casi un sacrilegio. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando salió la Xbox 360 y caí rendida a sus pies. Fue mi primera consola “adulta” y también la primera y única que flashié, ya que estaba recién salida del colegio y claramente no contaba con un trabajo para darme el lujo de comprar juegos originales. Fue así que lo primero que puse fue justamente el Call of Duty Black Ops y quedé fascinada. Pero no solo caí yo, sino que mi papá—el mesías de Nintendo en la familia—cayó conmigo. 

Los domingos de salir a caminar o ir al cine se convirtieron en domingos de pizza y Call of Duty, mientras que mi hermana sufría del aburrimiento. Con mi papá nos turnabamos el mando y cuando uno moría, retomaba el otro. Así hasta la madrugada, que el señor se quedaba dormido en el suelo con el control en mano, pero feliz de haber pasado la misión. Fue tanto este amor que terminó comprándose su propia Xbox 360, sólo para seguir jugando en su casa. Así vinieron más entregas, el Black Ops II, Modern Warfare, Ghosts y todas las demás. Las jugamos todas y cada una de ellas juntos, hasta que la distancia lo impidió. Por eso, apenas me asignaron este título, lo primero que hice fue escribirle a mi papá para contarle mi emoción. De la misma manera, fue el primero al que contacté al terminar el juego, aunque para contarle mi decepción.

La campaña que se nos presenta es bastante sencilla: debemos perseguir a un espía ruso para evitar que detone una bomba atómica durante el conflicto de Estados Unidos con la ex Unión Soviética a inicios de los 80. Principalmente, me atrajo por el tema histórico: una época de tensión y paranoia, no tanto de disparos y bombas por doquier. Luego, llamó mi atención una pequeña mejora antes de arrancar a jugar: la inclusión de una ficha de personaje. En ésta se nos permite poner un nombre, elegir género (o no) y decidir si queremos figurar como un ex agente MI6, CIA o KGB. Pero lo que realmente me pareció una idea innovadora fue que se nos pide seleccionar dos perfiles psicológicos que ofrecen ventaja en algunas áreas (por ejemplo, ser un “lobo solitario” te da un sprint inicial más veloz o ser “audaz” reduce en un 50% el daño por explosivos). Este pequeño tipo de libertades le dan un toque de frescura a una saga, la cual cuenta con 17 títulos encima y repite su fórmula una y otra vez. A esto se le sumó la opción de poder elegir algunas respuestas en los diálogos u optar por una acción sobre otra, haciendo la historia más participativa. Claramente este no es un juego interactivo del calibre de Life is Strange o Dragon Age: Inquisition en donde cada decisión es trascendental, pero elegir matar o salvar a un espía enemigo tiene una pequeña repercusión casi inmediata que nos mantiene centrados en las acciones.

Todo empezó a decaer una vez terminada la segunda misión. La primera me había parecido muy corta, aunque lo justifiqué convenciéndome de que era la introducción al universo. Al ver que la segunda iba por el mismo camino y que me dejaba una sensación similar, empecé a desanimarme. Sí, la campaña tiene las novedades mencionadas, la historia es atractiva e incluso pusieron misiones secundarias por primera vez. Pero todo es muy efímero. Las asignaciones son sumamente breves y básicas, no se explota el potencial del juego a nivel visual ni a nivel de contenido—armas, explosivos, gadgets y demás—y la dificultad es casi nula (tuve que pasar de regular a difícil). Además, por momentos la narrativa desorienta o pasa a un plano secundario y, como si fuera poco, el total de contenido no llega ni a las cinco horas. Por más de que el final repunta un poco, al ver los créditos finales me quedé con una sensación de “meh” que no me pude quitar por varios días.

En cuestión de personajes me llevé otra gran desilusión. Para empezar, el elegir jugar como hombre o mujer y ponerte nombre—algo que me generó gran expectativa al inicio—no sirve de nada. La historia continúa como si esta información no existiera, ya que se nos otorga el apodo de “Bell”, el cual sirve para ambos géneros, y funcionamos como un personaje cualquiera. Por otro lado, me topé con el grupo menos memorable que he visto en toda la saga, a excepción de los clásicos Mason y Woods. No conseguí recordar sus nombres y menos empatizar con ellos, ya que es muy poco el tiempo que los tienes a disponibilidad. No se llegan a disfrutar las acciones que deben realizar y las interacciones entre ellos son bastante protocolares y vacías. Muy distinto a lo que sentí al ponerme en la piel de Farah o del Capitán Price en Modern Warfare, ambos entrañables seres que me empujaron a comprar el Battle Pass para poder tenerlos en mi repertorio de operadores. 

Hay un pizarrón en donde aparecen todas las misiones y a través de él se pueden ver más detalles de cada una de ellas. Por ejemplo, información confidencial y una carpeta extra con evidencia que va desde cassettes hasta mapas, fotos y notas. Invertí mucho tiempo revisando todo a detalle y leyendo minuciosamente lo que tenía a la mano creyendo—ilusamente—que me serviría una vez dentro de la misión. Pero no es más que un plus desperdiciado, ya que no tienen ninguna funcionalidad. Puedes pasar todo el juego sin siquiera revisar estos archivos ya que no habrá diferencia alguna en el desenlace. El único momento en el que impactan es al realizar las dos asignaciones secundarias, ya que para poder llevarlas a cabo debemos juntar las pistas y resolver el puzzle. Lo interesante es que las soluciones del acertijo varían dependiendo de cómo llevó cada jugador su partida hasta ese momento, por lo que no es tan sencillo.

Para alguien que siempre se interesó en estos juegos por su historia, este es un título realmente decepcionante. Debo confesar que recién me animé a jugar online este año y resulta evidente que—debido a lo fuerte que pegó el multijugador de su predecesor, el remake de Call Of Duty Modern Warfare del 2019 y Warzone—centraron toda su atención ahí y olvidaron su esencia. Entiendo la movida porque, por mi lado, pasé toda la pandemia reconectando con amigos de Perú de forma online, haciendo sesiones todas las noches religiosamente. Además, es claro que un gran porcentaje del mundo seguirá semi-encuarentenado por muchos meses más. Pero este otro lado de la moneda, aunque es más sólido en cuanto a contenido, deja qué desear. 

Lo que más quejas me sacó de entrada no fueron los interminables bugs, ni la imposibilidad de jugar multijugador in situ—inconcebible—, y tampoco sus paupérrimos servidores, sino lo poco amigable que es su interfaz. Me frustré infinidad de veces buscando cosas que antes estaban a la mano, como por ejemplo, los tokens para duplicar el XP, y hasta ahora sigo creyendo que nunca había visto menús tan feos. A todo esto se le suma que por ahora sólo contamos con ocho mapas para disfrutar con amigos, algo que se vuelve viejo sumamente rápido. 

Siendo el multijugador lo más atractivo de Call of Duty, era de esperarse que trajera ciertas innovaciones. Para los que amamos el mosh pit, vuelven algunos clásicos como Team Deathmatch, Domination y mi favorito—Kill Confirmed—y entre los modos nuevos tenemos a VIP, en el cual debemos escoltar y proteger a un compañero de equipo hasta el punto de extracción. El más interesante de todos es Combined Arms, un enfrentamiento sobre motos de tierra, agua o hielo, así como tanques y cañoneras. Una fiesta total si se te da bien manejar en videojuegos (no es mi caso). Por otro lado, el que definitivamente llama más la atención es Fireteam: Dirty Bomb, en donde debemos recolectar uranio, localizar bombas y detonarlas. ¿La mejor parte? Soporta 40 jugadores en simultáneo divididos en diez equipos, lo que genera un caos constante que al inicio puede ser demasiado frenético, pero con unas cuantas partidas encima se vuelve muy entretenido.

El sistema de niveles se mantiene como siempre: se llega hasta el 55 y luego se pasa a los rangos de prestigio. Después de muchas horas invertidas en partidas con amigos, me di cuenta lo mucho que cuesta subir de nivel, a diferencia de Modern Warfare. Del mismo modo, encontré bastante desalentador lo tedioso que es desbloquear las armas que tenemos a disposición, así como los perks. Lo que sí me pareció muy atractivo, aunque me costó agarrarle la mano dicho sea de paso, fue el nivel de personalización que brinda Black Ops Cold War al momento de jugar con las características de los loadouts gracias a las wildcards. Estas tarjetas se colocan en el casco del jugador y, dependiendo de la clase a la que pertenezcan, permiten modificar ciertos aspectos de los accesorios que llevamos con nosotros. Definitivamente cambia la experiencia de juego y deja las puertas abiertas para que podamos inventar las más extravagantes combinaciones de armamento. 

Por supuesto que es un título entretenido, es un Call of Duty. Contamos con un amplio catálogo de armas, ítems para customizarlas, nuevos escenarios y operadores—aunque escasos por ahora—y tiene el mejor gunplay de todo el género. Pero por más que intenta traer de vuelta lo mejor de la primera entrega de su línea, se queda corto. Definitivamente me dejó con más ganas de retomar mis andanzas por el exitoso remake del año pasado antes que rejugar este, por lo menos en lo que a la campaña respecta. Lo único que me queda para el multijugador es esperar con ansias el parche de diciembre—que traerá el Battle Pass—y rogar para que Activision le de el amor que le faltó. Tengo claro que no es justo comparar un Black Ops con un Warfare porque son mundos muy distintos, pero considero que los desarrolladores debieron enfocarse en todo lo que se hizo bien con el remake de Modern Warfare para aplicarlo a esta versión que deja sabor a poco.

Call of Duty: Black Ops Cold War fue revisado en PlayStation 4 usando una copia digital facilitada por Activision.


Raissa Jerez

Comunicadora audiovisual. Maestra Pokémon. Formada por Nintendo, con especialidad en PlayStation y mención honorífica en Xbox. De vez en cuando me creo youtuber en 'Rai Reviews' y colaboro con PressOver. Me gusta recomendar cosas aunque no me hayan preguntado.

@ReviewsRai