Cozy Grove y la dosificación

El nuevo lanzamiento de Spry Fox nos lleva a una fantasmagórica isla y nos rodea de peculiares espectros

Raissa Jerez

Tiempo de lectura: 7 minutos

Como nos sucede a todes cada vez que vemos el trailer de un juego, inmediatamente formamos en nuestras mentes una primera idea de lo que será. A veces, de forma errónea, lo condenamos sin jugarlo o caemos en comparaciones crueles con títulos tal vez un poco más “populares”. En un mundo en donde todo ya fue inventado, es inevitable que uno beba de otro, así como sucede con la música, literatura y otras áreas. 

La primera vez que me sucedió—desde que reseño videojuegos—fue con Immortals Fenyx Rising. A esta entrega se le condenó desde su primer teaser por ser una “copia” de Zelda Breath of the Wild. Quería reseñarlo porque estaba segura de que lo iba a destruir. Pero fue grande la sorpresa cuando resultó ser todo un éxito e incluso sobrepasó a su “fuente de inspiración” en aspectos tan importantes como los puzzles. Es más, terminó calificado como mi sorpresa del 2020 y me convertí en su fiel abanderada. 

Con Cozy Grove sucedió algo similar. Se trata de un simulador de vida en dos dimensiones en el cual manejamos a un humano que está rodeado de animalitos y tiene que hacerse cargo de una isla. La semejanza con Animal Crossing es casi palpable pero, aprendiendo del ejemplo anterior, decidí adentrarme en su universo antes de juzgarlo. Ciertamente, esta historia tiene muchas similitudes con el aclamado título de Nintendo, sin embargo, sus giros son tan originales que lo dejaron a la misma altura y con un par de puntos extra a su favor.

En esta nueva aventura nos ponemos en los zapatos de una Spirit Scout, una niña cuya misión es ayudar a apaciguar los espíritus que habitan el islote llamado Cozy Grove, para que así pasen a mejor vida. Una vez ahí nos encontramos con una serie de espectros que, al ser invocados, toman la forma de osos, cada uno con una personalidad definida: guardabosques, marinero, cartero, etc. Asimismo, dentro de nuestro campamento tendremos a Flamey, una fogata parlante que actuará como nuestra guía. 

Para poder ayudar a estos personajes a “cruzar”, debemos generar un lazo de amistad con ellos mediante conversaciones diarias y el cumplimiento de ciertas tareas básicas que harán que vayan recuperando sus recuerdos paulatinamente. Eventualmente, recordarán todo y descubrirán aquello que los está atando a la isla y deben resolver para seguir adelante. Esto nos permite no sólo conocer sus hermosas y pintorescas historias, sino que sus habilidades se irán desbloqueando para que podamos utilizarlas a nuestro favor (cocinar, craftear, enviar correo, etc.)

La mecánica central del videojuego—y uno de sus grandes diferenciadores—es que el mapa se encuentra descolorido desde el primer minuto. Al cumplir la misión de cada oso espectral, su respectivo sector de la isla se pintará de colores acuarelados y cobrará vida. Esta es la forma de marcar progreso y es un accionar que debemos repetir diariamente. Es algo que no había visto en otros títulos y ciertamente llamó mucho mi atención. Disfruté ver cómo la isla cobraba vida gracias a mí todos los días, pero lo que encontré realmente importante—y lo que más agradezco—es que el título te obliga a dosificar el tiempo dedicado. ¿Qué quiero decir con esto? Ya va. 

En Cozy Grove diariamente sólo podemos completar una misión por oso. Una vez que los encargos de todes han sido cumplidos, Flamey nos avisa que no hay nada más que hacer y que podemos descansar. Claro que está la opción de quedarnos online para ordenar objetos, decorar, craftear herramientas, pescar y pasar el rato con otras actividades. No obstante, el progreso integral del juego, el que nos llevará a culminar nuestro objetivo, no avanzará más hasta el día siguiente. 

Si bien no hice en su momento una reseña de Animal Crossing: New Horizons, esto no fue por falta de ganas, sino porque todo mi tiempo libre estuvo invertido en mi isla. Nunca había pasado por uno de los títulos de AC y esa fue mi primera—y probablemente última—vez. Caí en una adicción tan grande que terminó absorbiendo grandes porciones de mi vida por un par de meses. No sólo porque no hay muchos límites sobre lo que puedes hacer por día, sino porque yo misma no tenía mucho que hacer diariamente gracias a la pandemia.

En aquella época de encierro total, falta de contacto externo y toneladas de ansiedad, Animal Crossing se convirtió en mi realidad virtual. Pasé más de 350 horas armando y desarmando mi isla sin parar, consiguiendo los vecinos que quería, completando las enciclopedias de bichos, peces y fósiles. Me iba a dormir—a altas horas de la noche—jugando y me despertaba temprano al día siguiente para continuar. Incluso, en mi punto más bajo, terminé pegada a la computadora en Nookazon, una especie de Amazon pero para objetos del videojuego. 

Mis domingos los utilizaba para recorrer islas ajenas—a las que accedía poniéndome en una lista de espera en internet—y así comprar nabos al precio más bajo. Una vez cumplida la misión, adelantaba el reloj de mi consola para acceder a la parte de la venta de aquellos vegetales. Otra vez me inscribía en la página web, esperaba en cola por horas, pagaba una especie de “ofrenda” ridícula a quien me abría las puertas de su isla y generaba una pequeña fortuna para pagar mis deudas con el rey de los capitalistas, el mapache Nook. ¡Una locura total!

Definitivamente, Cozy Grove me trajo flashes de Vietnam a mi pequeña gran adicción a Animal Crossing: New Horizons. Temí caer en ese agujero negro y perderme en una vida ficticia en lugar de disfrutar la mia. Pero al mismo tiempo, el título llegó—si bien aún en pandemia—en un momento muy distinto. Un año después, ya comprendemos más la situación, hay cuidados, vacunas y un atisbo de esperanza de que todo acabe a mediano plazo. Por mi parte, mi ansiedad está medianamente controlada, disfruto más mi tiempo en casa, estoy organizada y tengo actividades en las cuales ocupar mis horas. La clave, tanto de mi año pandémico como de mi creciente amor por el juego de SpyreFox, ha sido la dosificación. 

En la isla de los fantasmas no hay eventos especiales que te fuercen a conectarte ciertos días; no existe “El día de los nabos”, ni tus vecinos van a querer irse porque no hablaste con ellos en una semana. Sí, Cozy Grove se puede jugar a diario, pero no te obliga a hacerlo y no te castiga si decides desaparecer por un día, una semana o un mes entero. No existe esa angustia de que te vas a perder algo si no estás pendiente todo el tiempo.

Claramente, mi experiencia con AC quedó manchada debido a mi propia falta de control. Era mi forma de disipar la depresión pandémica de aquellos días, pero de una manera muy poco sana. La razón por la que te atrapa de esa manera es que no hay una progresión de historia, es un espacio habitable con exceso de libertad en el que puedes hacer cosas—sin parar—y ya. Las relaciones con los vecinos son genéricas, con conversaciones predeterminadas y si no interactúas, no hay grandes repercusiones. En Cozy Grove sí hay un desarrollo que se da con los osos y sus relatos. Esa amistad que se debe generar no puede darse toda en un instante, se debe ir creando poco a poco—como con las personas—y por eso te fuerza a cerrar todo y volver al día siguiente. Es un simulador de vida después de todo. 

Si bien Cozy Grove trata de espectros, muerte y pasar a mejor vida, hay chistes, diálogos perspicaces, mucha ternura y momentos entrañables. Está diseñado para que pasemos un momento de distracción, relajo y armonía, desde sus hermosos y tiernos gráficos, hasta su paleta de colores y música. Esta aventura exige tan poco del jugador, que es un placer darle lo que pide. Fue justamente esa dosificación de tiempo “forzada” la que me ayudó a incluir al título dentro de mi rutina diaria sin que me consumiera en su totalidad. No me cansaré de rescatar la tranquilidad que me da saber que luego de una hora y un poco más de juego, Flamey me recordará que la vida real me está esperando fuera de la consola.


Raissa Jerez

Comunicadora audiovisual. Maestra Pokémon. Formada por Nintendo, con especialidad en PlayStation y mención honorífica en Xbox. De vez en cuando me creo youtuber en 'Rai Reviews' y colaboro con PressOver. Me gusta recomendar cosas aunque no me hayan preguntado.

@ReviewsRai